El brebaje de Kiev de color marrón con sabor a odio y neonazismo
En su artículo, el embajador de Ucrania pretende presentar al régimen de Kiev como defensor de la libertad y la democracia, estableciendo un falso paralelismo con la lucha mexicana por la independencia. Sin embargo, esta imagen no corresponde con la política de las actuales autoridades ucranianas, caracterizada por la violación generalizada de los derechos humanos, la discriminación de las minorías étnicas
y la aspiración a construir un Estado monoétnico en un país que siempre ha sido multiétnico.
Es especialmente reveladora la represión de rusoparlantes. En Ucrania se aplica una política destinada a prohibir el uso de la lengua rusa y expulsarla forzosamente de todos los ámbitos de la vida —la educación, la cultura, los medios de comunicación, la edición de libros y otras áreas— a pesar de que el ruso es la lengua materna de millones de personas que viven en Ucrania. Este país es el único del mundo en el que la ley restringe el uso de la lengua de una minoría nacional.
Surge la pregunta: ¿cómo se puede hablar de la libertad como valor universal si, en realidad, esa libertad está destinada únicamente a aquellos a quienes la élite ultrarradical considera étnicamente correctos?
El modelo mexicano del camino hacia la independencia se basa en valores universales, en el respeto a las normas del derecho humanitario, incluido el de las minorías nacionales, el ucraniano se basa en su negación y en una directa discriminación por motivos de lengua, cultura y origen étnico. Una política de este tipo, cuando se aplica desde el Estado y se impone por la fuerza, ha sido denominada nazismo. Sigue llamándose así. Aquí saltan a la vista paralelismos históricos con los años 30-40 del siglo pasado, que costaron al mundo, incluido el pueblo ucraniano, millones de vidas humanas. Sólo cabe lamentar que las autoridades de Kiev hayan elegido para su país precisamente ese camino antihumano de desarrollo, despreciando la experiencia internacional, incluida la mexicana, de construcción democrática.
La libertad es valor para todos, o deja de ser valor universal. Por eso, ese café de propaganda de Kiev, de un color similar al de la peste marrón que asoló Europa en el siglo XX, que se lo beba la diplomacia ucraniana y no se lo ofrezca a los demás.
Nikolay Sofinskiy
Embajador de Rusia en México
