Política social en la 4T

Esta semana murió Prospera para convertirse en las Becas Benito Juárez. El programa de transferencias condicionadas que operó durante cuatro sexenios se reducirá a un componente de apoyo educativo porque, según dijeron las autoridades, era clientelar ¿Cómo debemos reaccionar ante esto y qué debemos exigir de la Secretaría de Bienestar? Va mi reflexión.

La coordinadora de las Becas Benito Juárez fue muy clara en explicar por qué desaparecería Prospera (antes Oportunidades y Progresa). Se argumentó que el dinero no llegaba completo a sus beneficiarias y que éstas eran extorsionadas por la clase política para ir a mítines y votar por el partido político en turno a cambio de recibir el beneficio. Estos argumentos son muy controversiales. Varias evaluaciones cuantitativas del programa demostraron que, si el programa tenía una ventaja, era precisamente que se había deslindado de la política y que los beneficiarios no se veían forzados a votar por un partido para obtener los recursos.

Los profesores Alberto Díaz Cayeros, Beatriz Magaloni y Federico Estévez realizaron entrevistas en comunidades de Oaxaca, un estado con una larga historia de clientelismo, sobre la experiencia de los votantes con respecto a la provisión de Progresa. En sus entrevistas descubrieron que, si bien los beneficiarios sabían que el programa podía ser percibido como político, ellos sabían que podían ser panista, priista o perredista y aún recibir beneficios. Los encuestados por los profesores sabían que el gobernador podía ser de un partido, pero ellos bien podían votar por otro.

Anteriormente, Progresa ya había sido evaluado por el director del instituto de la ciencia social cuantitativa en Harvard. Gary King realizó dos experimentos de gran escala, uno en el Seguro Popular y otro en Progresa. Usando datos corregidos mostró que ninguno de estos votantes tiene como efecto aumentar el voto por el partido en turno. El problema es que estas evaluaciones, que son de las más prestigiadas, no son recientes. Cabe la posibilidad de que el programa se haya ido capturando políticamente cada vez más a través del tiempo. De hecho, existe evidencia de que cuando un programa opera a través del tiempo, los políticos y los corruptos sí se adaptan para tratar de tomar beneficios.

Personalmente, pienso que Prospera era uno de los programas mejor diseñados del país, con reglas más claras (si bien complejas) y con resultados probados en ciertas áreas. Digo en ciertas áreas porque, aunque sí tenía un impacto en reducir la pobreza extrema, el efecto no parece haber sido eficaz para reducir la pobreza en el más largo plazo. El programa ayudaba a las personas a acumular capital humano, pero si el mercado laboral no existía, si era muy malo, o si la educación no era de calidad, la escolaridad no podía traducirse en mayores ingresos. Ése fue el problema. 

El reto de la 4T entonces será muy grande. Si quiere deconstruir la política social como la conocemos hasta ahora, tiene que asegurarse de crear una mejor. Una que no solamente haga lo que Prospera hacía (otorgar transferencias de efectivo y apoyar la acumulación de calidad educativa), sino también ampliar las oportunidades laborales y la calidad educativa.

Me parece que hay tres cosas críticas que deben guiar esta nueva política: primero, no puede tener tendencias clientelares. Resulta muy preocupante que la política social se quiera hacer a partir de un censo levantado por Morena. Esto es clientelar por naturaleza y no permitirá desarrollar ciudadanos plenos e independientes. Si Prospera tenía problemas como los que se describieron cuando se eliminó al programa, estos sólo se incrementarán si se entregan los recursos a través de un partido político.  Segundo, se tienen que tener métricas claras de avance. Al momento, muchos de los nuevos programas han sido hechos con prisa, sin que se exija que estos tengan reglas de operación. Esto es problemático pues no nos permitirá saber si se está teniendo éxito. Finalmente, si la meta es un mercado laboral, se tiene que empujar la calidad educativa. Esto requiere inversión en condiciones físicas, pero también un empuje a la docencia de calidad.

No hay atajos, si la política social de la 4T quiere ser mejor que la que se tiene actualmente, tendrá que hacer mucho más de lo que está haciendo ahora.

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