Mirada adentro
Hay ciertas élites económicas que sí prefieren una crisis económica que continuar con un gobierno que les genera incertidumbre. Esas élites están más protegidas contra las crisis por el simple hecho de que tienen más recursos y mejores asesores financieros
Si bien AMLO dice que su principal enemigo es la oligarquía, en el corto plazo el mayor riesgo de AMLO proviene de su equipo interno.
El señor Presidente considera que su principal enemigo son las élites económicas.
Esto es comprensible. No es secreto de nadie que hay un grupo que quiere ver fracasar a AMLO. Y “tan rápido como sea posible” (sic). Este grupo sueña con que AMLO enfrente un fracaso en los primeros años de su sexenio a fin de que tenga menor margen de maniobra en lo que resta del sexenio.
AMLO entiende esto y por ello considera a las élites económicas (o parte de ellas) como la primera línea del ejército enemigo. Su visión se alimenta de un entendible rencor por años de juego sucio, donde las élites gastaron millones en contra de su proyecto.
Nada de eso sorprende. De hecho, con toda neutralidad habría que reconocer que AMLO tiene un poco de razón. El capitalismo de cuates ha ido de la mano del financiamiento de campañas y ha beneficiado a unos pocos. Más aún, hay ciertas élites económicas que sí prefieren una crisis económica que continuar con un gobierno que les genera incertidumbre. Típicamente, esas élites están más protegidas contra las crisis por el simple hecho de que tienen más recursos y mejores asesores financieros.
El problema con esta dinámica de facturas acumuladas es que hoy AMLO ya ganó. Es la autoridad. Ello cambia todo. Como Presidente, AMLO puede utilizar su poder para cobrarles la factura a sus enemigos o para edificar un proyecto de nación.
Lo segundo es mucho más importante que lo primero.
Es por ello, que en el corto plazo el flanco abierto más importante de AMLO no son quienes siempre lo han querido ver perder, sino quienes más lo quieren ver ganar. Me refiero a su equipo interno, al más cercano y más leal. El equipo interno, constituido por personas que han sacrificado su vida personal y su reputación profesional por el proyecto de AMLO, y quienes más quieren ver a AMLO triunfar deben recapacitar sobre su papel.
Al paso que vamos, el fracaso comienza a perfilarse como una cuestión interna y no tanto fomentada por los enemigos tradicionales de AMLO. La falta de coordinación entre distintas secretarías, la verticalidad de la toma de decisiones y la incapacidad del equipo por cuestionar los dogmas de AMLO está haciendo que las cosas salgan mal.
Así, el gobierno es un pulpo con varios tentáculos, pero una sola cabeza: AMLO. Más aún, algunos de esos tentáculos luchan entre ellos.
Por un lado están los “ultras”. Son el grupo más cercano a AMLO y quienes le fueron leales en 2006 y 2012. Los une una profunda ideología de izquierda y una lealtad incuestionable al Señor Presidente. Todos ellos recuerdan el momento preciso en el que conocieron a AMLO y cuentan como éste les pareció un líder innato.
Buscan cambios radicales y que no cueste mucho dinero implementar. Acostumbrados a trabajar con pocos recursos y bajos sueldos, suponen que el gobierno puede también trabajar así. Quieren un gobierno casero, construido con pocos recursos y con mucha pasión.
Por el otro lado están los “moderados”. Son menos cercanos a AMLO, pero son quienes lo hicieron ganar en 2018. Con tan sólo los ultras la victoria era imposible. Los moderados son un equipo ideológicamente más heterogéneo, unidos por una urgencia de cambio. Buscan cambios implementables y renuncian con frecuencia al verse impedidos para dar resultados. Sus renuncias no se aceptan.
El Plan Nacional de Desarrollo es el perfecto ejemplo del choque entre ultras y moderados. Un documento de dos introducciones que de ser implementado al pie de la letra llevaría a México, no al fracaso, sino a la mediocridad.
En este choque, los ultras están ganando porque pueden hacer algo que los conversos no pueden: ser leales. La lealtad los lleva a evitar cuestionamientos y a aceptar hacer hasta lo imposible por satisfacer a AMLO.
Es momento de que las voces moderadas se recompongan, se agrupen y dejen de echarle la culpa de todo lo que pasa a la falta de carácter de Urzúa. Urzúa ni es ni debe ser la única voz. Si los moderados no se empoderan, AMLO seguirá creyendo que Pemex puede hacer refinerías, que los padrones sociales se pueden levantar con voluntarios y que la lealtad es más importante que la técnica.
