Un ‘pato cojo’, pero muy peligroso

Víctor Beltri

Víctor Beltri

Nadando entre tiburones

El presidente Trump se está quedando solo. La confianza se ha perdido día con día, entre las pifias de una guerra innecesaria, el escándalo recrudecido del caso Epstein, los delirios mesiánicos y el ataque irracional a la Iglesia católica. Las encuestas están a la baja, y sus antiguos defensores hoy se alejan de él en franca desbandada.

“No more Mr. Nice Guy”, advirtió en una de sus bravatas más recientes tras anunciar los crímenes de guerra que está dispuesto a cometer en caso de que la “negociación” con Irán se descarrile de nuevo. La ciudadanía, sin embargo, ha comenzado a cansarse: “Ellos pierden 500 millones al día, mientras que nosotros no perdemos nada”, aseguró el presidente que acaba de solicitar un trillón y medio de dólares más para la guerra, sin comprender las preocupaciones reales de la población. La falta de empleos, la inflación galopante, el precio de los combustibles que se incrementa todos los días, mientras que la economía se desangra en un conflicto cuya lógica la ciudadanía no termina de comprender. El repudio a la guerra se extiende y los estadunidenses no parecen dispuestos a sacrificar a sus hijos por una causa que, simple y sencillamente, no pueden reconocer como propia.

“Yo no soy antisemita”, ha repetido de manera constante Tucker Carlson al explicar las razones de su reciente repudio al mandatario, a quien afirma seguir queriendo —sin embargo— a pesar de cualquier cosa. “No se trata del pueblo judío, sino de la influencia maligna que Netanyahu ejerce sobre Donald Trump”, ha insistido desde antes que iniciara el conflicto. “Lo que quiero decir es que Trump no está tomando las mejores decisiones para el pueblo norteamericano, y el próximo presidente debería de concentrarse en eso antes que en cualquier otra cosa”, aseguró el presentador cuya opinión es compartida por otros influencers y que ha llegado como aire fresco a los sectores más moderados del trumpismo que miran, con creciente preocupación, los errores de su líder. Las batallas por el 2028, sin duda alguna, han comenzado a librarse.

El poder, a partir de ahora, se disputará a dentelladas. El esfuerzo de negociación encabezado por el vicepresidente Vance parecía diseñado, desde un principio, para que se convirtiera en su tumba política: el funcionario estadunidense, quien se había pronunciado enérgicamente ante sus votantes en contra de cualquier intervención armada, se vio obligado a comprometer su propio capital político por defender un conflicto que siempre creyó innecesario. Marco Rubio, por su parte, aprovecha las oportunidades y sube poco a poco en las encuestas. La carrera electoral norteamericana es un juego de suma cero en el que están involucrados los mayores intereses económicos del mundo, mismos que hacen sus propias apuestas y han comenzado a prepararse para lo que vendrá después de Trump, cuyo tiempo se está acabando. El mandatario, en los hechos, se está convirtiendo en un “pato cojo”. A lame duck.

Un “pato cojo”, pero muy peligroso. El mandatario se está quedando solo en sus delirios, pero aún cuenta con el poder absoluto del Estado para salvar su propio pellejo. Trump se considera a sí mismo como un presidente de guerra a la manera de Roosevelt, quien gobernó durante doce años debido a las extraordinarias circunstancias de un mundo en la Gran Depresión y la Segunda Guerra: la diferencia con el presente, sin embargo, es que los problemas actuales han sido provocadas por él mismo y habrán de aumentar conforme se acerque la elección intermedia, las encuestas de popularidad sigan descendiendo y el miedo comience a agolparse.

El presidente sabe que será procesado criminalmente por sus adversarios en cuanto pierda el poder y está dispuesto a cualquier cosa para evitarlo. “No more Mr. Nice Guy”, fue la advertencia no sólo al régimen iraní sino al mundo entero. Lo peor, lamentablemente, aún está por verse.