El lado equivocado de la Historia

El tono del presidente norteamericano hacia nuestro país se endureció de inmediato...

Víctor Beltri

Víctor Beltri

Nadando entre tiburones

“No se está enviando más petróleo del que se había enviado históricamente”, respondió la presidenta Sheinbaum, a pregunta expresa, en su conferencia del 7 de enero pasado. “Durante muchos años se ha enviado petróleo a Cuba por distintas razones: unas son contratos, otras son ayuda humanitaria”, aclaró.

En aquellos momentos, el buque petrolero Ocean Mariner —con bandera de Liberia— se aproximaba a su destino final en La Habana, Cuba, con 86 mil barriles de combustible mexicano que habían sido embarcados desde diciembre en la planta Pajaritos de Pemex, en Coatzacoalcos. El tono del presidente norteamericano hacia nuestro país se endureció de inmediato, y sus declaraciones al día siguiente no dejarían lugar a dudas. “Vamos a comenzar operaciones terrestres en México, en lo que se refiere a los cárteles. Los cárteles gobiernan México: es muy triste ver lo que le pasó a ese país, pero los cárteles están gobernando y matan a 250 o 300 mil personas en nuestro país cada año”, afirmó. 

“Vamos a estrechar la comunicación”, respondería la mandataria mexicana en su conferencia de prensa del 9 de enero —el mismo día que el Ocean Mariner atracaba con su cargamento en La Habana. “Hace 2 o 3 días el propio secretario Rubio habló de la buena coordinación en materia de seguridad que hay con México”, aseguró la presidenta Sheinbaum. “Entonces, estrechar más la relación, la información, esta información que estamos dando, de la cantidad de laboratorios incautados, en fin, que tengan toda la información…”.

El problema es que los gringos, en realidad, ya tienen toda la información. Toda la información que necesitan, al menos: en estos momentos, y tras años de tener en su poder a los capos más importantes de nuestro país, las autoridades norteamericanas cuentan con un mapa detallado de las organizaciones criminales mexicanas y su relación con los diferentes grupos políticos nacionales durante los últimos 50 años. La captura de Nicolás Maduro, en este sentido, no hace sino agregar una capa más al análisis al revelar el entramado entre los gobiernos del llamado Socialismo del Siglo XXI y las recientemente denominadas organizaciones terroristas. El objetivo no es Venezuela, sino el Foro de São Paulo y finalmente los BRICS. El turno, ahora, parece corresponderle a Cuba.

“Pues yo creo que cada país tiene la soberanía para poder decidir qué hace con sus recursos naturales”, aseguró la mandataria al defender la supuesta ayuda humanitaria cuya única finalidad es prolongar la duración en el poder de la dictadura cubana. La soberanía no es lo mismo que el autoritarismo: si bien es cierto que cada país tiene la soberanía para decidir sobre sus recursos naturales, esto no significa que quien pueda tomar esas decisiones sea el gobierno de turno. Para eso, en los hechos, su antecesor inventó las consultas ciudadanas. 

No existe razón alguna para seguir apoyando al régimen cubano: los problemas que nos heredó Andrés Manuel son, por sí mismos, suficientes como para seguir empeñados en la defensa de dictaduras ajenas e impresentables. Lo que nos une con Cuba hace mucho tiempo dejó de ser una amistad histórica para convertirse en una complicidad institucional, de la que se han aprovechado gobiernos de todos los colores desde hace décadas: la realidad cambió, sin embargo, y en el nuevo orden mundial los acuerdos del pasado han dejado de tener sentido.

La defensa de Nicolas Maduro o del régimen cubano no son causas justas; nuestro país, simple y sencillamente, no tendría por qué contratar más deuda externa mientras regala sus recursos a gobiernos autoritarios y opresores. La política exterior mexicana no se puede seguir definiendo por romanticismos propios a la Guerra Fría, menos aún cuando la experiencia demuestra, de manera contundente, que nos estamos alineando con el lado equivocado de la Historia.