La bendición de las remesas: ¿quién manda aquí?

“Desde luego, los migrantes nos ayudan mucho, yo hablo de que son héroes anónimos o héroes vivientes, porque se fueron en circunstancias difíciles y ahora se calcula que este año van a enviar 36 mil millones de dólares a sus familiares”, afirmaba, desde ...

“Desde luego, los migrantes nos ayudan mucho, yo hablo de que son héroes anónimos o héroes vivientes, porque se fueron en circunstancias difíciles y ahora se calcula que este año van a enviar 36 mil millones de dólares a sus familiares", afirmaba, desde Coatzacoalcos, el Presidente el pasado 14 de diciembre.

“Esas remesas son la principal fuente de ingresos que tiene nuestro país, eso es lo que más reactiva la economía popular”, continuó quien, días antes, y en el marco del primer aniversario de su gobierno, destacaba la importancia de las remesas para su administración. “Sin esas remesas estaríamos mal, el gobierno está haciendo su parte, como nunca, para apoyar a la economía popular y acabar con los gastos excesivos y se están liberando recursos para la gente”, resaltó en su festejo de primer aniversario quien, desde su púlpito mañanero, no ha vacilado en reconocerlas —incluso— como una bendición.

“En los primeros seis meses de este año, se recibieron remesas por 17 mil 254 millones de dólares, el flujo acumulado más alto que se ha registrado para un periodo similar en toda la historia del país y se han convertido en la principal fuente de ingresos de México”, reconoció en septiembre del año pasado al rendir su Primer Informe de Gobierno. La principal fuente de ingresos: una bendición, sin duda. Una bendición, sobre todo para un gobernante que necesita poner una máscara de aparente viabilidad sobre un proyecto que no tiene ni pies ni cabeza, y que desprecia las cifras de crecimiento interno, de las que es responsable, al tiempo que celebra el incremento —la bendición— de las limosnas del exterior, mismas que le permiten seguir desayunando garnachas mientras continúa con sus propias obsesiones, y seguir atribuyendo su falta de resultados a la perfidia de sus enemigos imaginarios y, en específico, a quien le precedió hace más de 12 años.

Una bendición inesperada que hoy —más que nunca— se encuentra amenazada. Que no había sido tocada —todavía— por quien suponía que podría comprometerla: el presidente norteamericano, a pesar de su beligerancia, no ha mencionado —aún— la posibilidad de gravar las transferencias que mantienen a México a flote. La mera amenaza de nuevos aranceles ha sido, hasta el momento, suficiente para mantener el ganso a raya, y forzarlo a tomar decisiones en contraposición expresa con sus promesas de campaña, como lo ha sido la posible designación de los grupos delincuenciales del crimen organizado nacional como una amenaza terrorista en EU. Amenazas que funcionan sin haber tenido que tocar —todavía— el tema de las benditas remesas, a pesar de tenerlo —sin duda— en el radar de lo que no es sino una relación bilateral cada vez más comprometida, en la que no sólo juegan los gobiernos sino la ciudadanía compartida entre las dos naciones.

Una ciudadanía que parece entender, por fin, su dimensión real. El llamado de auxilio de los LeBarón, en el sentido de detener las remesas mientras se desarrolla la marcha de protesta —ante una política de seguridad que no ha arrojado resultados—, es la primera llamada seria de atención para una administración que ha mostrado saber el peso de las remesas en el diseño institucional de un gobierno sin propuestas, que presume el incremento de los envíos de quienes no tienen sino preocupación, ante las malas decisiones que arrastran consigo a una población que brinda su aprobación absoluta a quien repite —todos los días— el cuento que la gente desea escuchar en las diatribas mañaneras. Un cuento en el que, sin embargo, los mexicanos en el exterior no terminan de creer: un cuento irreal, ante el que sólo pueden responder enviando más dinero, con el temor —fundado— de que la administración actual no será capaz —ni siquiera— de brindar más oportunidades sin cometer errores en el trayecto.

Vamos a construir un monumento, afirmó el día de ayer el mandatario, al visitar el lugar de la tragedia. La estrategia no cambiará, vamos por el camino correcto, ha dejado claro al soslayar el dolor de las familias, y despreciar la marcha por la paz de quienes en otro momento fueron sus aliados. No manden remesas, responden los agraviados mientras llevan su dolor, de Chihuahua a Cuernavaca, y exigen soluciones realistas. 

Las remesas, por lo pronto, ya están en la mira. El 72% de aprobación nacional no es el mismo de los 36 millones en el exterior, más objetivos y mejor informados. Los migrantes tienen la palabra, y están llamados a ejercer: los migrantes pueden más, sin duda, que lo que nos cuentan que el viento le hizo a Juárez.

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