El éxito de Lorenzo Córdova
La elección terminó con una extraña serie de ganadores autoproclamados que fue inaugurada por Lorenzo Córdova...

Víctor Beltri
Nadando entre tiburones
Hay diferentes maneras de entender el éxito. En una sala de cirugía en la que, por ejemplo, se estuviera extirpando un tumor a un paciente, ningún cirujano responsable saldría a festejar el éxito de la intervención en el momento mismo en que fuese removido: el sentido común dicta que, al menos, habría que limpiar y suturar las incisiones, desinfectar las heridas, observar los signos vitales y asegurarse de que todo prosigue de acuerdo a lo esperado.
Es lo natural para un proceso que, además, inicia mucho antes de la remoción del cuerpo extraño, antes que las primeras incisiones o que la preparación del paciente a su ingreso al quirófano. La responsabilidad del médico comienza desde el diagnóstico y la definición del tratamiento a seguir no sólo durante la extirpación del tumor, sino por supuesto antes y después de la misma. Como el golfista que sabe que no basta con que la pelota esté en el hoyo, sino con cuántos golpes llegó hasta ahí; como el conductor que sabe que no se trata tan sólo de llegar a su destino, sino de tomar el camino correcto.
El bombero entiende el éxito de manera distinta. Su trabajo es esperar una señal de alarma, colgarse los bártulos, y apagar el fuego que se le presente. La dimensión es distinta, y se requiere de una preparación especial cuyos resultados son, también, distintos. Los bomberos no pueden prevenir los incendios, y su responsabilidad no persiste tras la extinción de los mismos: el éxito se mide en cada una de las misiones en las que participan, en la rapidez y eficiencia de la operación, en las vidas humanas salvadas, en las pérdidas económicas evitadas.
La jornada electoral que vivimos el día de ayer es la culminación de un proceso que comenzó desde principios de febrero, con la publicación de las reglas correspondientes en el Diario Oficial de la Federación. Un proceso que se ha caracterizado por una guerra sucia a la que la autoridad no supo poner un alto: campañas negras, oficinas de partidos atacadas con bombas molotov, atentados contra candidatos, inculpaciones entre candidatos sobre crímenes que ahora deberían ser investigados, e incluso el extraño secuestro de un futbolista. La elección terminó con una extraña serie de ganadores autoproclamados que fue inaugurada por Lorenzo Córdova, quien fue el primero en salir a reclamar el éxito de una jornada que aún no estaba decidida, como lo demostró el aluvión de éxitos autoproclamados que siguieron al suyo. Quienes auguraron problemas generalizados se equivocaron, dijo un poco antes de que tuviera que pedir a los partidos políticos que no anunciaran éxitos que aún no eran claros, precisamente para no causar problemas generalizados.
Lorenzo Córdova reclama el éxito del bombero que salió indemne, antes de que haya terminado el incendio. Anuncia la extirpación del tumor como un éxito, sin reparar en la hemorragia que causaron sus manos inexpertas. No se da cuenta de que, como el cirujano, tiene la responsabilidad del proceso entero, de la conducción de las partes, de la dirección armónica de los participantes hacia un fin común: hoy, la calidad de nuestra democracia es la calidad de a quien hemos designado como su garante.
Y con ese garante nos enfilamos a 2018. Con el que no se atrevió a ponerle un alto al abuso descarado del Partido Verde, con el que no supo evitar que se vendiera una copia del padrón, con quien no fue capaz de detener las campañas negras, con quien la confianza en la democracia y sus instituciones ha disminuido a sus niveles mínimos. En un ambiente de incertidumbre global, con Trump a la puerta, con una crisis económica pertinaz, mal humor social generalizado, fosas comunes, desapariciones forzadas y unas campañas que se anticipan despiadadas por la falta de carácter de la autoridad, Lorenzo Córdova sigue celebrando éxitos y desestimando malos augurios sin reparar en el tamaño real de los zapatos que trae puestos.