Verdades perdidas
Casualmente, Pemex dejó de enviar barcos con hidrocarburos a la isla.

Vianey Esquinca
La inmaculada percepción
Existe en el imaginario gubernamental mexicano una convicción de que las cosas dejan de existir si uno las niega con suficiente entusiasmo. Como aquel niño que cierra los ojos para volverse invisible, el gobierno ha perfeccionado el arte de mirar hacia otro lado buscando que el problema se canse y se vaya. Lamentablemente, la realidad no ha leído el memorándum y sigue apareciendo sin invitación.
El pasado 28 de diciembre, 14 personas perdieron la vida cuando el Tren Interoceánico se descarriló en Oaxaca. Una tragedia que exigía respuestas profundas, así que la Fiscalía General de la República se puso a trabajar y después de una concienzuda investigación, llegó a una conclusión devastadora, el maquinista iba rápido. Caso cerrado. Nada que ver con rieles, trenes y sistemas obsoletos, falta de mantenimiento, capacitación y supervisión, no, el problema es que alguien pisó de más el acelerador.
Luego está el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (Ch)AIFA, ese aeropuerto que cumplirá en marzo cuatro años de haber nacido muerto. El propio gobierno acaba de lanzar una licitación buscando una consultora que le diga cómo atraer pasajeros, aunque más bien tuvo que haber contratado al Vaticano para que gestionara un milagro. Las propias autoridades admiten que los indicadores están por debajo de lo proyectado, y de 20 millones de usuarios al año que estaban planeados, en 2025 apenas si movilizó a siete. Ha costado 425 mil millones al erario y el gobierno nada más no puede echar a volar el “ejemplo de combate a la corrupción” y “uno de los mejores aeropuertos del mundo”, según el exmandatario tabasqueño.
Pero si de negar realidades se trata, nada supera a Sinaloa. El miércoles pasado, dos diputados de Movimiento Ciudadano fueron atacados a balazos en pleno centro de Culiacán y 10 mineros fueron secuestrados. El 2025 cerró como el año más violento de la última década en la entidad. La Federación envío mil 600 soldados adicionales para tratar de contener la violencia y, aun así, nada parece ser tan grave como para quitarles el sueño. El estado está fallido, pero el gobernador Rubén Rocha Moya, no.
El rubro de las relaciones internacionales también es una muestra clara de cómo se intenta ver el lado amable, por decir lo menos, de la realidad. La presidenta Claudia Sheinbaum insiste en que México mantiene un diálogo respetuoso con Estados Unidos, para que tres doritos después, el presidente Donald Trump firme una orden ejecutiva amenazando con aranceles a cualquier país que venda petróleo a Cuba; un mensaje directo al corazón de la decisión soberana a la que tanto alude la mandataria. Casualmente, Pemex dejó de enviar barcos con hidrocarburos a la isla.
Se podría decir que existe una oficina gubernamental dedicada exclusivamente a cambiar conceptos. No es “fracaso”, sino “área de oportunidad”; tampoco “presión extranjera”, ahora es “decisión soberana”. La negligencia institucional dio paso al error humano y el Estado fallido, a “situación atendida” y “la culpa es de Calderón”, se lee situación atendida. Aun cuando los datos se acumulan, cuando los hechos se repiten y la realidad toca la puerta con insistencia, el gobierno niega, minimiza, encuentra al chivo expiatorio ideal, protege a los suyos y reescriben la historia en tiempo real con sobrado optimismo.
La verdad tiene una cualidad terriblemente antidemocrática, no se somete a votación y no le interesa aparecer en las encuestas de popularidad. Cuando llega no pide permiso ni acepta llamadas respetuosas o negociaciones, simplemente aparece con toda su incómoda claridad para recordar que las cosas son los que son, no lo que quisiera el gobierno que fuera.