Un país estresado

La recomendación de los especialistas es que las personas se hagan de su dotación de ranitidina, omeprazol y paracetamol

El 26 de junio, el Inegi dio a conocer los resultados de su Encuesta Nacional sobre Salud Financiera. Resulta que siete de cada 10 personas viven con estrés financiero alto o moderado. La gente sufre por la falta de ahorro, las deudas, porque el fin de mes se convierte en una prueba de resistencia y porque el futuro financiero es más incierto que una promesa de campaña. 34.9% reportó que esas situaciones los hace experimentar dolor de cabeza, gastritis, colitis o cambios en la presión arterial, mientras que 30.7% señaló tener problemas de sueño o alimentación.

La recomendación de los especialistas es que las personas se hagan de su dotación de ranitidina, omeprazol y paracetamol, además de tomarse su te de tila o pasiflora, porque las cosas no apuntan para mejorar, por supuesto no esperen conseguir nada de esto en la Megafarmacia del Bienestar.

La inflación tuvo un repunte de 4.78 anual en la primera quincena de junio generando incrementos en frutas y verduras; el peso sigue depreciándose y el viernes llegó a tener el peor tipo de cambio desde que estalló la pandemia. Por si fuera poco, al Presidente y a su partido le encanta echarle sal a la herida y mandar señales que generan de todo, menos certidumbre en los mercados.

A ese estado de preocupación por el dinero, que, diría Andrés Manuel López Obrador, es burgués, fifí y conservador porque la gente debe vivir en la austeridad y justa medianía, se le suma el de la seguridad. Hay estados donde la violencia está desatada y salir a trabajar es como participar en una ruleta rusa diaria. No se sabe si alguien que sale a ganarse el pan va a regresar, si va a tener la mala suerte de estar en el lugar equivocado en medio de un tiroteo o sufrirá un asalto en el camino.

Esos factores son el común denominador entre la población. Sin embargo, hay otras circunstancias que provocan estrés en ciertos sectores. A muchos les preocupa que, si pasa la reforma al Poder Judicial como el tabasqueño y Morena quieren, lleguen personajes como Arturo Zaldívar o Lenia Batres a posiciones donde se requiere inteligencia, criterio y experiencia, además de objetividad. Sería tanto como poner a un pirómano a cargo de la estación de bomberos. También hay preocupación de que los trabajadores del Poder Judicial pierdan sus empleos o prestaciones, que no haya seguridad jurídica y que los inversionistas vean a México como una apuesta más arriesgada que una pirámide Ponzi.

A algunos más les causó un profundo estrés, casi al borde del colapso, ver que Morena arrasó las elecciones, pero lo que provocó taquicardia es que la oposición ande como pollo sin cabeza y sin tener claridad en cómo se van a recomponer. A los priistas les provoca una profunda tensión que Alejandro Alito Moreno quiera reelegirse; a los panistas que Marko Cortés ni sufra ni se acongoje a pesar de los resultados obtenidos en las elecciones. Los perredistas deben tener una crisis nerviosa porque se quedaron sin hueso, sin registro y sin recursos.

Cada vez que Claudia Sheinbaum anuncia a un integrante de su gabinete muchos empiezan con alteraciones del apetito, malestar gástrico y dificultades para respirar esperando que no le dé nada a impresentables como Hugo López-Gatell, Manuel Bartlett o María Elena Álvarez-Buylla. Gerardo Fernández Noroña debió estar muy estresado porque no le ofrecieron ninguna secretaría, pero mucha gente se sintió aliviada que así haya sido.

En México hay situaciones de estrés para todos los gustos, grupos y personas. Algunos están preocupados por la economía, la seguridad, y otros más por la política, lo que mantiene al país permanentemente estresado.

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