Querido México:

Me imaginó que los últimos seis años fueron como un déjà vu y no sabías si el tiempo había regresado a los sexenios de López Portillo o Echeverría.

Quiero felicitarte por el aniversario de tu independencia ¡vaya resistencia la tuya! 214 años viendo de todo y siempre de pie. Me imaginó que los últimos seis años fueron como un déjà vu y no sabías si el tiempo había regresado a los sexenios de José López Portillo o Luis Echeverría. Si te sirve de algo, a los que les tocó vivir esa época estaban igual de confundidos que tú.

Te ha tocado ver la polarización y el radicalismo que se ejercen desde el poder. Por supuesto ya habías visto la división entre conservadores y liberales, insurgentes y realistas, sólo que ahora Andrés Manuel López Obrador los llamó chairos contra fifís. Sí, los mexicanos fueron divididos

de una manera casi irreconciliable ni siquiera por una causa, sino porque unos tienen más posibilidades que otros. Sólo el tiempo y un discurso de reconciliación logrará curar las heridas.

Has sobrevivido a la tormenta de palabras y ataques, has aguantado vendavales de decretos y terremotos no sólo naturales, sino también de intereses que sacuden tu tierra más que el Popocatépetl en un día inquieto. Si te dieran un peso por cada vez que te han decepcionado los políticos, ya habrías pagado la deuda externa y te sobraría para construir un aeropuerto de primer mundo y hasta te alcanzaría para el Transístmico.

A estas alturas ya debes estar informado que en este sexenio se decidió actualizar el himno nacional. Ahora en lugar de decir “piensa, oh Patria querida, que el cielo un soldado en cada hijo te dio” es: “piensa, oh Patria querida, que El Peje, un soldado en cada esquina plantó”, por eso ves a militares en las calles, en los aeropuertos, en las aduanas, en el tren Maya y en todo lo que se te ocurra.

Seguramente estos días han sido desoladores y morías de tristeza al ver ese espectáculo de la vergüenza que fue la aprobación de la reforma judicial. Recordaste los peores tiempos del PRI, al ver cómo Morena ejerce el poder sin medida ni razón, pero también comprobaste que siempre hay políticos en subasta y en venta, capaces de traicionarte con tal de conservar sus prebendas. Yunes hay en todos lados y partidos. Si Juan Escutia resucitara y hubiera visto lo que pasó la semana pasada, seguro se volvería a lanzar del Castillo de Chapultepec, pero para escapar de la deshonra.

Y luego, los que deberían ser contrapesos, están más perdidos que un turista gringo en Garibaldi. Instituciones que tuvieron cambios en sus presidencias como el INE o el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación prometían garantizar tu voz y nuestros votos, pero demostraron que el color que más les gusta es el guinda de Morena. Pensabas que tenías instituciones fuertes, capaces de resistir cualquier embate como esos árboles centenarios que ven pasar huracanes sin doblarse, pero resultaron ser las palmeras borrachas de Agustín Lara, que se mueven según el viento las lleve.

Entiendo tu preocupación mi querido México. No sabes qué pasará a partir del 1 de octubre con la nueva presidenta Claudia Sheinbaum. Están los optimistas, que consideran que las cosas pueden cambiar, otros piensan que no será así porque se va a alinear y seguirá los pasos de su antecesor.

Lo que es un hecho es que después de todas las insensateces de la política, de los dramones de los héroes y villanos, sigues siendo grande. La gente buena y trabajadora es quien te mantiene al pie del cañón. Eres el país donde de las piedras se saca la esperanza. Sigues siendo el México que nos llena de orgullo y nos hace creer que el camino de regreso a casa, aunque sea jodidamente largo, vale la pena. ¡Ánimo, México, tú sabes que el sol siempre sale (no el del PRD, ése ya se apagó) aunque tarde un titipuchal en despejarse la nube!

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