Este domingo será un día definitivo para las elecciones. La oposición encabezada por Xóchitl Gálvez tendrá la última gran oportunidad de demostrar que es altamente competitiva y que podría darle un susto a su oponente, Claudia Sheinbaum, y a su patrocinador, Andrés Manuel López Obrador.
Por la mañana, participará en una marcha que necesita ser más nutrida que un concierto de Taylor Swift gratuito. La capital, ese antiguo bastión de la izquierda, será el escenario en el que deberán mostrar músculo y dejar claro que la resistencia sigue viva. Deben aprovechar la promoción gratuita cortesía del propio Presidente, quien decidió mantener las provocativas vallas alrededor de Palacio Nacional; del diputado Sergio Gutiérrez Luna, representante de Morena ante el INE quien, gatito ternurita, solicitó a la autoridad electoral que dejen de usar el color rosa, ya que, según él, podría confundir a la ciudadanía y de la presidenta del INE, Guadalupe Taddei, que, disipando cualquier duda sobre su parcialidad pidió que las organizaciones dejen de usar el ahora “color del pecado”.
Resulta que el legislador y la consejera han informado a la población que el rosa tiene copyright y su uso infringe el civismo. Los flamencos ahora son mapaches electorales, y Barbie y Hello Kitty se han vuelto conservadoras de ultraderecha. Seguramente los morenistas pedirán una reforma electoral para prohibir ciertos pantones en las campañas empezando por supuesto por el rosa y todas sus derivaciones.
Por su parte, ojalá que, así como se metió en el rosagate, Taddei hubiera mostrado su inconformidad con que el presidente López Obrador interviniera en el proceso electoral y lo convirtiera en elección de Estado o que alzara la voz para exigirle a la autoridad más acciones para evitar la violencia contra las y los candidatos, pero no, la consejera prefiere debatir sobre si la Pantera Rosa le está faltando el respeto al INE.
Después de la marcha, la candidata de la alianza Fuerza y Corazón por México tendrá que verse la cara por última vez con la oficialista Claudia Sheinbaum en el tercero y último debate presidencial. Tiene la bandeja servida, pues se hablará de uno de los temas que más le duele al país: la seguridad. No sólo eso, sino que se abordarán también la democracia y la división de Poderes. Este tema le cae como anillo al dedo para hacer la diferencia entre los modelos de gobierno que se estarán jugando el 2 de junio. El que apela a la defensa de los derechos, respeto a los órganos autónomos e independencia de los Poderes y la continuidad del estilo autoritario del Presidente. Para cerrar con broche de oro, se hablará también de política exterior, donde el gobierno de la 4T ha logrado lo impensable: pelearse con países que antes eran considerados amigos y aliarse a dictaduras como la cubana, venezolana o nicaragüense.
Por ello, Gálvez deberá hacer el papel de su vida en el debate. Aquí no hay segundas tomas, no funciona el VAR. Cada respuesta debe ser un gol de media cancha.
En el desempeño de la morenista se verá cómo andan las cosas, si decide nadar de muertito es que se siente cómoda con la ventaja –real o autopercibida– que lleva y, si ataca significa que las cosas no están como quieren hacerle creer a todo el mundo. Lo que debe darse por hecho es que defenderá al mandatario a capa y espada so pena de ser nuevamente exhibida y regañada.
Del día de hoy depende el futuro de las campañas de ambas candidatas porque en política, como en el amor, nada está escrito, todo puede cambiar en un abrir y cerrar de debates.
