Los protegidos
El Presidente es un ser amoroso y no sólo les da abrazos a los criminales, sino también a sus funcionarios incompetentes y corruptos.
Estar dentro del gobierno de Andrés Manuel López Obrador garantiza a sus funcionarios la protección a prueba de balas. Si alguno tropieza, se encuentra con una red de seguridad tejida con hilos de impunidad, tan fuerte como el acero.
¿Los errores y la ineptitud? fueron generados por gobiernos anteriores, ¿las acusaciones de corrupción? son guerra sucia de sus adversarios. A sus empleados la ley no les aplica, porque la única palabra que cuenta es la del inquilino de Palacio Nacional.
Por ello van por la vida como si no debieran nada, como el desacreditado e infame Hugo López-Gatell, culpable de la respuesta que el gobierno tuvo en la pandemia y que provocó miles de muertes. Aunque debería estar enfrentando a la justicia, lo que enfrenta es un nuevo encargo: asesor en materia de salud. Agachar la cabeza tiene sus privilegios.
No es el único, el exdirector de Segalmex, Ignacio Ovalle, en cuya administración se dio un grosero desfalco por, al menos, 9 mil millones de pesos, vive tranquilamente sin que nadie lo moleste. Francisco Garduño, comisionado del Instituto Nacional de Migración, ni siquiera se despeinó con la muerte de 40 migrantes durante un incendio en una estación migratoria. Aunque fue vinculado a proceso, ha pasado casi un año de la tragedia y él permanece en su cargo.
Ana Gabriela Guevara ha cargado con acusaciones de corrupción y tráfico de influencias prácticamente desde que entró como titular de la Conade. El último escándalo es que tiene un presunto desvío por 205 millones de pesos, de los que su gestión sólo logró acreditar 55 millones.
¿Qué ha pasado en todos estos casos? Una defensa a ultranza del tabasqueño o, porque, según él, no tiene pruebas de los pecados, o porque es una campaña de la oposición o porque “ya ha hecho bien las cosas” desde su punto de vista.
El Presidente es un ser amoroso y no sólo les da abrazos a los criminales, sino también a sus funcionarios incompetentes y corruptos.
Estar en el gobierno del tabasqueño tiene otros beneficios. Pasar de ser un villano a un santo, de culpable a inocente, de victimario a víctima, de corrupto a honesto, de neoliberal a transformador no requiere de milagros o penitencia, tampoco de arrepentimiento alguno. Es más, ni siquiera es necesario pedir perdón. Lo único que la persona debe hacer es afiliarse a Morena y recibir la bendición del Presidente.
¿Que los pecados son muchos y sus crímenes, documentados? No pasa absolutamente nada, un cambio de chaqueta, unas palmaditas en la espalda, y voilà, queda un expediente más blanco que la nieve recién caída.
Lo que antes eran villanías ahora son anécdotas de un pasado borroso, recontextualizadas como actos de pura supervivencia política. Los nuevos santos patronos de la hipocresía, sabedores que la memoria es frágil y corta, han logrado cruzar el pantano de la mano de la 4T ¿Qué importa la verdad cuando se tiene un pin del partido guinda en la solapa?
De esta manera, Manuel Bartlett, señalado como el operador del fraude de 1988, pasó de ser un denostado priista y propietario de decenas de propiedades, a una víctima de una campaña de descrédito, “porque el licenciado Bartlett ahora es el encargado de la industria eléctrica y está enfrentando a grupos de intereses creados, y cada vez que pueden, se le lanzan”.
A la administración de López Obrador le quedan muy pocos meses, por lo que habría que preguntarse si quien lo suceda en el encargo también tendrá entre sus funciones mantener las alas protectoras a estos innombrables.
DÍAS DE DESCANSO
La inmaculada tomará unos días de descanso y aparecerá nuevamente en las páginas de Excélsior el próximo 14 de abril.
