Los primeros días
Hay que reconocerle a la mandataria que acudió a Acapulco cuando todavía estaba en emergencia, no como su antecesor.Los primeros días de Claudia Sheinbaum al frente del país han sido un carrusel de emociones. El día uno marcó un hito, porque por fin en México se ...
- Hay que reconocerle a la mandataria que acudió a Acapulco cuando todavía estaba en emergencia, no como su antecesor.
Los primeros días de Claudia Sheinbaum al frente del país han sido un carrusel de emociones. El día uno marcó un hito, porque por fin en México se les dio protagonismo a las mujeres. Desde su saludo a la presidenta de la Suprema Corte de Justicia, Norma Piña (que fue ignorada por el ahora expresidente) hasta el mensaje en el Zócalo, Sheinbaum dejó claro que el género femenino ya no será pie de página en la política nacional. Ahora, claro está, sólo falta que implemente lo prometido.
Sheinbaum también ha demostrado que puede darle un giro a la comunicación oficial, y eso se agradece. Sus mañaneras han resultado ser más breves y hasta concisas. Lo máximo que ha durado es una hora con 45 minutos. No es poca cosa, si se toma en cuenta que su predecesor podía dedicarle 40 minutos a explicar la Independencia de México y su conexión mística con la cancelación del Aeropuerto de Texcoco y García Luna, en una misma respuesta. La brevedad de la Presidenta puede parecer algo insignificante, pero es un alivio para todos aquellos que, durante los últimos seis años, sintieron que las conferencias de la mañana eran el equivalente a ser espectador de un campeonato de ajedrez, jugado a cámara lenta con resúmenes detallados de cada movimiento.
Eso sí, la brevedad no es garantía de precisión y Sheinbaum ha tenido sus momentos. Por ejemplo, con el reciente asesinato de seis migrantes en Chiapas a manos de soldados, la Presidenta lamentó el “error” y se comprometió a investigar a fondo. A diferencia de las respuestas evasivas que solía utilizar Andrés Manuel López Obrador. Sin embargo, las buenas intenciones no bastan, aunque se deseen con mucho entusiasmo. Ordenarle al general que una situación así no podía repetirse no garantiza la capacitación tan necesaria a las tropas.
En estas mañaneras también ha demostrado que tiene una alta capacidad de hacer maromas de elevada dificultad. Cuando se le cuestionó por qué le beso la mano a Manuel Velasco, hizo un triple salto mortal con pirueta ideológica y respondió que ella siempre besa la mano de quien se la besa a ella, como señal de reciprocidad. ¡La política del besamanos bilateral! Qué lástima que no haya registros fotográficos previos de tan “recíproca” costumbre.
En estas conferencias, aunque ya no ha hablado de “abrazos no balazos” no ha dejado atrás la obsesión por Felipe Calderón. En la primera, no tardó en mencionar al exmandatario y su participación en un evento en España en el que habló de “autoritarismo”.
Lo que definitivamente no hará, o no lo ha hecho hasta el momento, es esconder la reverencia absoluta que mantiene hacia su mentor. Su necesidad de tributarle cada logro y hasta cada respiro del país dejaba la impresión por momentos de que es la representante de un club de fans con banda presidencial. Menuda tarea la de superar esa relación de subordinación simbólica y construirse un perfil propio. Incluso en las tres conferencias que ha dado lo ha mencionado 29 veces. Es cierto que seis años de legado no se desmantelan en una semana, pero esa devoción verbal no contribuye a quitar la percepción de que el tabasqueño sólo cambio su trabajo presencial por home office.
Lo que sí hay que reconocerle a la mandataria es que acudió a Acapulco cuando todavía estaba en emergencia, y no como su antecesor, que parecía que estaba esperando que golpeara al puerto la siguiente temporada de ciclones.
Los primeros días han sido todo menos aburridos. Entre promesas de cambio y tributos al pasado, Sheinbaum deberá seguir alimentando su propia voz. Al menos ha despertado la esperanza de que las cosas podrían cambiar y mejorar en lo que a dialogo se refiere.
