¡Llévelo, llévelo!

¡Llévelo, llévelo! Aquí, en el tianguis democrático, Morena se ha superado: ya no basta con elegir a la presidenta, los representantes en el Congreso, gobernadores y presidentes municipales. Ahora, en un alarde de creatividad electoral, también se elegirá a jueces y ...

¡Llévelo, llévelo! Aquí, en el tianguis democrático, Morena se ha superado: ya no basta con elegir a la presidenta, los representantes en el Congreso, gobernadores y presidentes municipales. Ahora, en un alarde de creatividad electoral, también se elegirá a jueces y magistrados, y, gracias a la reforma judicial aprobada por el partido en el poder, como en cualquier buen mercado, estarán disponibles en todas las categorías que se prefieran: maduros, verdes, en saldo y, por supuesto, en oferta de ocasión.

La presidenta Claudia Sheinbaum ha defendido esta aberración con tal entusiasmo que parece que se tratara de la venta nocturna del siglo. Su mensaje es claro y contundente: ¡la democracia directa llega a los tribunales! Al fin, los mexicanos podrán contar con jueces de libre elección, seleccionados como se elige al cuate para armar la carnita asada. ¿Qué mexicano no ha soñado con un Poder Judicial al estilo de La Casa de los Famosos, donde el que mejor se venda al público será el próximo en dictar sentencias?

Sin embargo, incomprensiblemente, hay personajes que no se apuntan a este reality show. Ocho ministros de la Suprema Corte ya dejaron claro que con ellos no cuenten, mientras que otros 845 jueces y magistrados han decidido hacerse a un lado de este carnaval judicial, alegando que una elección popular de jueces tiene la misma lógica que poner a los cangrejos a decidir sobre el destino de la olla.

El país está condenándose a que no sean los más preparados o con más credenciales los que hagan justicia, sino aquéllos con los amigos adecuados o, peor, los que consigan patrocinadores de dudosa procedencia. El crimen organizado, por ejemplo, que antes podría comprar a un juez para un determinado caso, ahora podrá ser su principal promotor y tenerlo siempre. 

Sí, la mandataria y su partido todos los días repiten que se acabará la corrupción, que, si quisieran apoderarse del Poder Judicial, hubieran cambiado a todos los ministros de la SCJN, pero eso es justo lo que harán, dejarán a las Lorettas, a las Lenias y a las Yasmines al frente del máximo órgano judicial.

Todos los pasos que hacen desde el Congreso y la Presidencia dejan evidencia clara. La última fue la formación del Comité de Evaluación del Poder Ejecutivo para la elección de jueces, magistrados y ministros para el próximo año, éste será el órgano encargado de revisar los expedientes de las personas aspirantes. Para tal labor se ha llamado a varios amigos de Morena, encabezados por el siempre leal Arturo Zaldívar, un personaje que, con su sello inigualable, garantiza que la neutralidad no sea un obstáculo para la noble misión de ponerle a la Presidenta en bandeja de plata al Poder Judicial.

Así, la tan preciada independencia del Poder Judicial pasará a mejor vida. La mayoría morenista y el comité de evaluación harán que los futuros jueces y magistrados salgan de la fábrica con el instructivo bajo el brazo: seguir la narrativa oficial sin desviarse, ni un poquito, para no incomodar al poder.

Todo esto convierte el futuro de la justicia mexicana en una caricatura. Se tendrá un tribunal a modo, al servicio de quien pueda pagarlo o de quien tenga la amistad de los poderosos. Mientras tanto, los verdaderos juristas, los que entienden la profundidad de la ley, los que se comprometen con la justicia, quedarán fuera de esta absurda subasta.

Cuando la gente llegue a los juzgados no se deberá extrañar si siente que ha llegado a la esquina del mercado donde los productos se venden al mejor postor. La justicia, al fin, como producto de temporada, en saldo o en promoción.

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