La negación

Negar como método tiene sus límites porque a la larga, lo que se niega termina por volverse sospechosamente real.

Claudia Sheinbaum terminó la semana con la agenda llena, pero no de compromisos, sino de aclaraciones. Como jefa del Ejecutivo ejerció con disciplina una de los más antiguos y refinados oficios del poder: la negación; no como filosofía existencial ni como terapia de evasión emocional, sino como estrategia de comunicación.

La Presidenta administró desmentidos: ni ICE operó en México ni Mr.Beast se brincó (tanto) las trancas arqueológicas ni en Veracruz hay riesgo para las próximas elecciones pese a los asesinatos.

El caso del operativo de ICE fue uno más en la lista de negaciones de la semana. Todo empezó con un posteo en la red social X —mal redactado, como dictan los protocolos de la diplomacia digital— en el que el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos insinuó que había liderado un operativo en Sinaloa. La imagen que acompañaba el mensaje con militares con botas tácticas, rifles automáticos y fondo desértico, subió los ánimos.

Todos saben que agentes del país vecino operan en México, pero ningún gobierno al que le guste llamarse nacionalista lo aceptará. Por eso, la Presidenta, con precisión bíblica, negó tres veces la intervención: no hubo agentes, no fue conjunto, no fue aquí. La culpa, por supuesto, no fue del operativo, sino del verbo mal empleado y la traducción automática.

Luego vino el video de James Donaldson mejor conocido como Mr. Beast, el youtuber con más vistas del planeta, que decidió montar una versión libre de Indiana Jones en las zonas arqueológicas de Calakmul y Chichen Itzá. Dijo haber bajado en helicóptero, dormido entre pirámides y usado máscaras prehispánicas. ¿Tenía permiso?, sí. ¿Violó ese permiso?, tal vez. ¿Habrá sanciones?, chiquitas. Algo así como “no pasó, pero si pasó, veremos qué hacer”.

Por supuesto, ante el escándalo, el INAH dijo que pondría una demanda administrativa contra la productora del influencer, pero no por haber llegado a lugares prohibidos para el resto de los mortales, no por haber volado un dron en las pirámides, sino por hacerle publicidad a una marca de chocolates y eso sí calienta.

Lo mismo pasó con Veracruz donde la realidad siguió desmintiendo al discurso oficial. Asesinaron  a Yesenia Lara, candidata de Morena a la presidencia municipal de Texistepec, en un mitin y, sin embargo, para la mandataria no hay ningún riesgo para la elección del 1 de junio donde se elegirán 212 presidencias municipales. Todo bajo control… “la gobernadora Rocío Nahle ya viene a platicar”, ¡fiu!, qué tranquilidad. Mientras algunos ven una alerta roja, para Palacio Nacional es algo así como un ajuste fino de circunstancias.

Por si no fuera suficiente el trabajo de aclaración, a la Presidenta también le tocó administrar los ánimos de los integrantes de su gabinete, como fue el caso del secretario de Agricultura, Julio Berdegué, a quien antes del “buenos días”, le pidió que, sin enojarse, explicará lo del gusano barrenador y el cierre de la frontera por parte de Estados Unidos al ganado mexicano. Esto dejó la sensación de que su gabinete no sólo necesita brújula, sino contención emocional.

A estas alturas, la mañanera del pueblo bien podría estrenar una nueva sección fija llamada “Quién es quién en las mentiras institucionales”, en la que se aclaren rumores que nacieron en casa, expresiones de autoridades o gobiernos y se enmienden errores que —según ellos— ni siquiera existen.

Negar como método tiene sus límites porque a la larga, lo que se niega termina por volverse sospechosamente real. Negar lo evidente, relativizar lo grave y suavizar lo absurdo es una forma de gobernar que se desgasta rápido. Cuando todo se desmiente, lo que pierde fuerza no es el rumor, es la palabra presidencial.

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