Inevitabilidad

Estos pronósticos no se diferenciarían mucho de los que podría hacer el Brujo Mayor o Mhoni Vidente al leer el horóscopo

El levantamiento de encuestas electorales se ha convertido en un pasatiempo nacional, un instrumento político y una estrategia para tratar de convencer al electorado de que el triunfo de algún candidato o candidata es tan seguro como el amanecer.

Cuando un contendiente financia un ejercicio demoscópico suele ser catapultado no por cinco ni por diez, sino por ¡20 puntos arriba! o hasta más, lo cual, por supuesto, requiere un despliegue de comunicación que incluye espectaculares y posts patrocinados en redes sociales. ¿Cómo desperdiciar semejante ventaja?

El nacimiento de encuestadoras en época de elecciones es un fenómeno natural y esperado. Todas están listas para lanzarse a ofrecer sus servicios que incluyen hacer levantamientos en zonas dominadas por el partido que haya pagado la encuesta; hacerlas en zonas urbanas o rurales, telefónicas o cara a cara, dependiendo de los requerimientos del cliente. Tienen una estricta metodología, pero si no funciona… tienen otras.

Hay casas demoscópicas de todo tipo, desde las de renombre hasta las que parecen haber sido creadas en un garaje por el primo de un amigo y que ni a página de internet llega. Hay una compañía para cada presupuesto y nivel de credulidad.

A pesar de sus errores pasados y el negro historial que ha dañado su credibilidad, este tipo de sondeos siguen siendo utilizados. Incluso se hace muy común ver en redes sociales: “La casa encuestadora que acertó con el triunfo de (inserte el nombre que desee) ahora señala que, en los últimos días, la brecha entre tal y tal candidata/o se ha reducido/aumentado (según sea el interés del patrocinador) en tantos puntos”.

Ahora resulta que, si una de estas empresas le atinó a una elección, aunque haya desatinado en muchas otras, tiene las suficientes credenciales para convertirse en un oráculo electoral, capaz de prever el futuro con precisión mística. Estos pronósticos no se diferenciarían mucho de los que podría hacer el Brujo Mayor o Mhoni Vidente al leer el horóscopo, salvo que, en ocasiones, los médiums son más eficientes.

Es igualmente sorprendente el caso de algunas firmas que a pesar de haberse equivocado una y otra vez de manera garrafal, siguen lanzando números sin pudor ni vergüenza.

De todas las encuestas que están circulando en este momento, las más ridículas son las que hacen referencia a la elección presidencial, donde ponen a la candidata de Morena Claudia Sheinbaum, no sólo como la ganadora indiscutible de la elección, sino que también arrasa con los Oscar y los Nobel. Según estos sondeos, con la ventaja que tiene se convertiría en la candidata más votada de la historia, dejando a Andrés Manuel López Obrador, que tuvo más del 53%, como un novato.

Eso, sin embargo, se replica en elecciones estatales. Si estos ejercicios fueran reales resultaría que en cada entidad ganarían, al menos, dos de los candidatos, porque en una encuesta sale ganador uno y en otra, otra. Vaya dilema que tendrían las autoridades electorales.

La frase: “Son una fotografía del momento” ha evolucionado, ahora lo que retrata es el momento de polarización, manipulación y desesperación de algunas candidaturas por ganar en las encuestas lo que no ganarán en las calles.

Sin embargo, debe reconocerse que jugar a la inevitabilidad del triunfo sí puede llegar a desalentar la participación ciudadana: “Si ya va a ganar, ¿para qué voy a votar?”. Por eso varios sectores, como la iglesia, están llamando al voto casi como una súplica; consideran que ésa es una forma de equilibrar las fuerzas y que el partido en el poder no siga al frente.  Solamente en las elecciones se sabrá si tenían razón.

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