Gobierno de juguetería
El Presidente presentó un video con el que invitó a la audiencia a sumergirse en un mundo de dibujos.
El viernes pasado, Andrés Manuel López Obrador presumió una nueva cortinilla animada para sus conferencias matutinas, en la que aparece él en su versión caricaturizada. El rostro del monito, que ya se ha hecho popular por los muñecos llamados Amlitos, genera una simpatía inmediata, cualquiera diría que es la representación de una persona profundamente afable, simpática y conciliadora, nada que ver con el personaje que hasta el último día de su mandato atacará a las instituciones y buscará venganza, que violenta la ley y que utiliza todo tipo de adjetivos peyorativos para denostar a sus opositores.
Con este video, el Presidente invitó a la audiencia a sumergirse en un mundo de dibujos animados y muñecos, por el que no se puede dejar de lado que hay otros personajes de su gabinete que parecen sacados de una caja de juguetes.
Marcelo Ebrard, por ejemplo, fue durante la administración del tabasqueño un muñeco de acción. Equipado con su traje impecable, el futuro secretario de Economía estaba listo para las batallas y misiones que se le encargaran. Sin embargo, en el momento en que decidió salirse de su cajita y querer ser el muñeco presidente se encontró que en ese juego él no sería el protagonista. En estos momentos se encuentra en el taller de reparaciones, recargando la pila para la siguiente administración.
Otro personaje digno de una colección de juguetes es Manuel Bartlett, que sería anunciado como el muñeco con más propiedades que la mismísima Barbie: “Descubre las propiedades llenas de diversión de la nueva casa de los sueños de Bartlett” o “Explora los cinco pisos de su nueva Casa Malibú”. Hugo López-Gatell sería un muñeco ventrílocuo “mueve la boca y las cejas de forma fácil con la mano presidencial que entra por la parte posterior, perfecto para dar conferencias de prensa y confundir a la audiencia. No se deje al alcance de los medios”.
Por supuesto que en el extenso portafolio de juguetes estarían los didácticos. En este departamento estaría Elizabeth Vilchis, responsable del Quién es quién de las mentiras, de la mañanera presidencial. “Elizabeth habla, habla y habla, pero no se le entiende. Tiene discursos intercambiables y si no estudias leerás como ella”.
Hay algunos juguetes que iniciaron en la juguetería presidencial, pero poco les duró el gusto y fueron descontinuados y abandonados en el diván, como fue el caso de Irma Eréndira Sandoval, exsecretaria de la Función Pública; Arturo Herrera, exsecretario de Hacienda, o Javier Jiménez Espriú, exsecretario de Comunicaciones y Transportes, entre otros.
En ocasiones, el Presidente hace alianza con otras marcas o partidos para algún lanzamiento especial de temporada, pero una vez que se les acaba el peluche los desecha, como con Gerardo Fernández Noroña, que era el muñeco bravucón y que una vez que se le cayó el barniz, le dio trato de cachivache.
En la juguetería de López Obrador, los accesorios se venden por separado: la Megafarmacia está vacía de medicamentos, que se adquieren individualmente y hay que pedirlos en la tienda con mucha anticipación; el Tren Maya trae árboles aplastados y ríos subterráneos listos para ser perforados; el AIFA incluye una pista y avioncitos, pero los pasajeros se compran aparte y encontrarlos es un desafío, porque son coleccionables.
Qué bueno que al Presidente le guste tanto la caricatura de sí mismo y también que le regalen Amlitos, aunque se ve que sus favoritos siempre han sido las marionetas y los títeres.
La Inmaculada Percepción tomará unos días de vacaciones para volverse a publicar el 11 de agosto. Hasta entonces.
