El difícil arte de recular

Vianey Esquinca

Vianey Esquinca

La inmaculada percepción

Entre las disciplinas que urge incorporar a la educación básica, además de las matemáticas que tanta falta le hacen al país, tendría que figurar el arte de recular sin que se note, porque ninguna otra destreza resulta hoy tan indispensable en Palacio Nacional. La Presidenta vive en la permanente acrobacia, pues le toca enmendar lo que dejó torcido su antecesor y también lo que enchuecan cada semana sus propios colaboradores, todo sin que parezca que corrige a nadie, ya que en el movimiento de la Transformación la autocrítica se confunde con traición y señalar un error ajeno equivale a abrirle la puerta a los conservadores.  

El ejemplo más fresco lo aportó Octavio Romero Oropeza, aquel director de Pemex que pasó a la historia parlamentaria por confesar en una comparecencia de 2023 que en sus gráficas sobre el costo de la extracción de petróleo crudo hizo: “Un poquito de trampa, bueno, no es trampa, o si es trampa, pero no es trampa”. Ya reciclado en el Infonavit, había decidido, ¿por qué no?, hacer otra trampita y reservar su declaración patrimonial. Claudia Sheinbaum pidió que se publicara e inmediatamente el funcionario reveló un patrimonio de 47.5 millones de pesos, departamentos comprados el mismo día y un ingreso anual que supera al de la propia mandataria. En efecto, el amigo de Andrés Manuel López Obrador resultó tener más propiedades que el nopal, aunque éstas no curan la gastritis, sino que generan muchas preguntas sobre su capacidad para multiplicar recursos. 

Carlos Ulloa, director de Birmex, tampoco ha tenido semanas sencillas. Intentó explicar cómo pudo comprar de contado dos departamentos por 22.4 millones de pesos, hablando de ahorros, de la venta de inmuebles y de herencias familiares, pero las cuentas siguieron sin cuadrar. A Sheinbaum no le quedó otra que pedirle que volviera a explicar de dónde salió el dinero. Aunque, eso sí, antes le extendió un certificado de buena conducta al recordar que lo conoce desde que tenía 16 años y asegurar que es una persona honesta. Así que habría que añadir esa carta de recomendación a cualquier investigación de la Secretaría Anticorrupción y Buen Gobierno. 

El terreno educativo también ofrece una versión del difícil arte de recular. Mientras el gobierno hacía circo, maroma y teatro para matizar los malos resultados de PISA, Sheinbaum ya había anunciado que en 2027 volverán los libros específicos de matemáticas, lectoescritura e historia de México, justo el formato que la Nueva Escuela Mexicana sustituyó por contenidos integrados. Si bien no se ha reconocido que el modelo educativo impuesto por el tabasqueño fracasó, cuando se regresa lo que se quitó, se refuerza lo que no funcionó y se corrige lo que se dejó de enseñar, aquello empieza a parecerse demasiado a un “dime que te equivocaste sin decirme que te equivocaste”.

En el sector energético, el cambio de rumbo ha sido notable. López Obrador convirtió el “no al fracking” en un compromiso de gobierno. Ahora la administración le ha abierto las puertas como una opción tecnológica para la explotación de gas natural no convencional. El fracking pasó de ser un pecado neoliberal a una posibilidad condicionada por la ciencia.

El problema no es recular; al contrario, corregir puede ser una forma de gobernar. El problema empieza cuando la Presidenta pide abrir las declaraciones, exige aclaraciones y todo termina en una nueva explicación. Reconocer el problema sin llegar a sus consecuencias no cierra el círculo. Entonces, el difícil arte de recular termina convertido en otro arte mucho más antiguo de la política mexicana: aplicar el remedio, enseñar el trapito y dejar la curación a medias.