Descarados

El descaro se ha enraizado en la política mexicana. Si surge un escándalo, habrá cierta algarabía en las redes sociales o en los medios, pero nada más

Según la Real Academia Española, el descaro es desvergüenza, atrevimiento, insolencia y falta de respeto. Una persona descarada, por lo tanto, es aquélla que no toma en cuenta la dignidad, los derechos o la sensibilidad de otras personas; actúa con desfachatez y cinismo porque siente o sabe que puede salirse con la suya.

El descaro se ha enraizado en la política mexicana. Si surge un escándalo, habrá, si acaso, cierta algarabía en las redes sociales o en los medios, pero nada más. La o el descarado se sabe protegido y entiende que tienen relaciones de complicidad que difícilmente se pueden romper.

¿Con qué descaro Ulises Lara, encargado de la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México, decidió que podía sacar un título de derecho en los primeros 10 días de enero por el reconocidísimo y laureado Centro Universitario Cúspide de México, de Iztapalapa, cuyo dueño casualmente trabajó con él? Con su acción impuso un récord que difícilmente podrán romper los artistas de la Plaza de Santo Domingo. Ahora, los miles de estudiantes que no han podido obtener su título saben que en esta institución siempre tendrán una posibilidad de convertirse en abogados, licenciados en administración y mercadotecnia o de seguridad pública y criminalística por menos de 2 mil pesos al mes y en tiempo récord. Con estas credenciales podrán encontrar trabajo fácilmente en los gobiernos emanados de la 4T, donde se requiere 90% lealtad y 10% de capacidad.

Lo peor, es que desde la propia Fiscalía se había enviado un comunicado señalando que, para ser suplente de Ernestina Godoy, no había requisitos establecidos. Todo mal.

Sanjuana Martínez, quien con una torpeza garrafal asesinó a Notimex, no se fue callada. Está dispuesta a recordarle al presidente Andrés Manuel López Obrador que, en el pecado de nombrarla a pesar de las advertencias, lleva la penitencia. Al viejo estilo gansteril de: “Me quiebran, pero no me voy sola”, Martínez volvió a dejar claro cómo Morena está acostumbrado a fondearse. Dijo que le habían pedido el 20% para la campaña de Claudia Sheinbaum a cambio de darles la jugosa liquidación que ella y su grupo pedían. Por supuesto, Morena y la precandidata lo negaron y lo negaran hasta la muerte. Así como lo hizo en su momento Delfina Gómez, a quien se le comprobó que había exigido el 10% de sus salarios a trabajadores de Texcoco, cuando era presidenta municipal, para beneficiar a Morena y su propia campaña política.

¿Con qué descaró le pidieron ese porcentaje a la exdirectora de Notimex? Con el mismo descaro que ésta utilizó la agencia para sus fines y venganzas personales. A pesar de las denuncias de todas las partes, todo pinta para que, una vez más, tanto el INE como el dividido Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, decidan hacerse a un ladito y evitar la fatiga.

El descaro no es exclusivo de un solo partido. Marko Cortés demostró el grado de desfachatez y torpeza al que puede llegar un político herido, cuando dio a conocer el acuerdo que firmó en Coahuila con el PRI. No le importó ni siquiera que eso significara abrir la fosa séptica y poner un ventilador, sabiendo que él estaba enfrente.

El Presidente sigue manteniendo el descaro de utilizar sus eventos, discursos y mañaneras para vulnerar “los principios de imparcialidad, neutralidad y equidad en la contienda” y realizar “promoción personalizada y usó indebidamente recursos públicos”, como lo determinó el Tribunal Electoral este viernes respecto a su Quinto Informe de Gobierno.

Los descarados, sin embargo, no pierden el sueño, ni siquiera se preocupan del que dirán, porque está demostrado que, para ellos, el fin justifica los medios.

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