Anita, la (no) huerfanita

Bartlett ha sorteado cada obstáculo, consolidándose como el abuelito intocable en la fiesta de XV años.

En México, un grupo de personajes conocidos por sus acciones y decisiones provoca que mucha gente asuma que no tienen progenitora. Sin embargo, lejos de ser huérfanos, hay funcionarios emanados de Morena que han sido recogidos con ternura, adoptados como cachorros extraviados y acurrucados bajo las alas de un padre político poderoso: Andrés Manuel López Obrador.

Es el caso de Anita, la (no) huerfanita Gabriela Guevara, directora de la Conade. Desde que tomó posesión en este cargo ha estado envuelta en escándalos que van desde desviación de recursos, corrupción, conflicto y eliminación de apoyo a deportistas y, por supuesto, por no tener pelos en la lengua.

El último desaguisado fue cuando en conferencia de prensa fue cuestionada por volar en business class en su vuelo de París a México, además de cenar en uno de los restaurantes clásicos de Francia Au Pied du Cochon, mientras que los deportistas mexicanos sufrían las de Caín por pagarse sus viajes.

Guevara con la confianza de quien sabe que cuenta con la protección desde las más altas esferas del poder, dijo que “no tengo codependientes familiares, todo lo que gano, me lo trago, me lo unto y me visto como me da mi chingada gana”. Así, con la frescura de quien sabe que no tiene que vender ni Avon ni Tupperware ni calzones para sobrevivir, sigue su camino, convencida de que sus decisiones, al menos en lo que a despilfarro se refiere, son tan independientes como una adolescente con tarjeta de crédito ilimitada.

Hugo López-Gatell, por otro lado, es otro de estos querubines bienaventurados, esperando pacientemente la llegada de la nueva madrastra, la presidenta Claudia Sheinbaum, para volver a hacer de las suyas. A pesar de las meteduras de pata que harían ruborizar a cualquiera, permaneció firme en su puesto, como si su única preocupación fuera qué corbata ponerse al día siguiente. Fue hasta que él quiso contender por la Jefatura de Gobierno de la CDMX cuando, afortunadamente, dejó su cargo en la Secretaría de Salud.

Y no se puede hablar de la familia sin mencionar a Manuel Bartlett, el director de la Comisión Federal de Electricidad. Su carrera está tan cargada de controversias que cualquier otro ya habría sido fulminado por un corto circuito. Pero no él. Bartlett ha sobrevivido a todo, manteniéndose en su trono, sin que los escándalos lo despeinen. Bajo el ala protectora del mandatario, ha sorteado cada obstáculo, consolidándose como el abuelito intocable en la fiesta de XV años.

Todo indica que al Presidente le gusta proteger a los casos perdidos. Rubén Rocha Moya, gobernador de Sinaloa, es otro ejemplo de esta camada mimada. En un estado donde la realidad a menudo supera la ficción y pese a haber sido involucrado en la detención del Ismael El Mayo Zambada, Rocha mantiene la confianza de papi.

Para completar este álbum familiar, esta semana se añadió Javier Corral, a quien la Fiscalía de Chihuahua trató de detenerlo para que compareciera ante las autoridades de ese estado por un presunto desfalco. Sin embargo, como buen junior de familia política, papi lo protegió y la detención fue frustrada.

El Presidente, como padre consentidor que ignora los berrinches y destrozos de sus retoños, no entiende de razones. Para él, cualquier crítica es una infamia, una calumnia, parte de una guerra sucia orquestada por los enemigos.

Es un padre permisivo que no establece límites, no controla a sus hijas e hijos y tampoco les exige un comportamiento adecuado, generando funcionarios corruptos, ineptos o con amistades indeseables. Los está echando a perder, sino es que ya están perdidos.

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