Paranoid
La más cotidiana reflexión puede llevarnos a planteamientos asombrosos, si nos damos permiso y disponemos nuestro tiempo para dejar que los pensamientos se concatenen hasta ver a dónde nos llevan. Por ejemplo, yo disfruto mucho del rock, así que, con ocasión de la ...
La más cotidiana reflexión puede llevarnos a planteamientos asombrosos, si nos damos permiso y disponemos nuestro tiempo para dejar que los pensamientos se concatenen hasta ver a dónde nos llevan. Por ejemplo, yo disfruto mucho del rock, así que, con ocasión de la despedida, el sábado pasado, de la mítica banda considerada como la fundadora del heavy metal, Black Sabbath, vi la primera fotografía que existe de ellos. Fue tomada en 1968. Quizás el hecho de que hayan titulado el concierto Back To The Beginning (Regreso al comienzo), me hizo reparar en que, en ese entonces, yo no había “comenzado”, es decir, ni siquiera había sido concebido. Esto me llevó a preguntarme dónde podría haber estado yo mientras ellos componían, editaban y publicaban la canción que tanto me llegaría a gustar: Paranoid. ¿En ningún lado? ¿Aparecí de la nada? El asunto no es nuevo.
Desde la Grecia antigua los primeros filósofos ya hablaban de la psique, que se refería al aliento, sobre todo el que se exhala por última vez al morir y en el que se libera nuestra alma del cuerpo. Progresivamente, esta idea se asoció con un alma del mundo (pneuma universal) de la cual participa la humana, lo que abrió la puerta para que algunas religiones concibieran que el alma debía ser preexistente e inmortal. Pero también se ha planteado con seriedad lo contrario, sobre todo en la ciencia. Cabe recordar que cuando Stephen Hawking hizo la célebre declaración de que, dados los avances de la física, se podía sostener que Dios resultaba redundante para explicar la creación del universo, culminó diciendo: “Esto me lleva a una profunda conclusión, que probablemente no exista el paraíso ni una vida después de la muerte”. Atormentado (nuevamente) por todo esto, acudí a donde hasta ahora he tenido la suerte de encontrar esperanza: una biblioteca. Ahí encontré el reciente libro del psicólogo Alexander Batthyány, titulado Threshold (El umbral).
El autor comienza reconociendo que el término “alma” ha sido proscrito del vocabulario científico y que ha sido sustituido por “mente”, el conjunto de procesos emocionales, cognitivos y volitivos, es decir, la conciencia de cada ser humano: lo que quiere, sabe y hace. Esta mente tiene un sustrato material: las neuronas. El libro trata de un fenómeno hasta ahora inexplicable. Según lo antedicho, la conciencia, que está en las neuronas, desaparece cuando éstas se destruyen por enfermedad o traumatismos; sin embargo, se ha descubierto la denominada Lucidez Terminal (LT). El libro describe innumerables casos de personas con familiares que padecían enfermedades neurodegenerativas avanzadas, con años de no poder reconocer a su propia familia, que ya eran incapaces de hablar y hasta en estado de coma, pero que un día reciben una llamada inesperada, reportando que algo inexplicable ha sucedido: “El paciente ha recuperado todas sus capacidades cognitivas”.
En cada caso, cuando acuden a comprobarlo, encuentran al paciente con una inusitada vitalidad, consciente de que ha estado incapacitado y de que su actual recuperación no durará mucho. Quiere aprovechar esta ventana de lucidez para recordar momentos felices, comunicar sus últimos deseos y despedirse. Súbitamente siente cansancio y se recuesta para dormir. La mayoría (90%) muere en las siguientes horas o días. Entre las posibles hipótesis, el libro propone una: la teoría de la conciencia no-local, según la cual nuestra conciencia (o alma) podría no estar limitada de forma exclusiva al cerebro, consiguiendo manifestarse una última vez, a pesar del deterioro físico. De ser así, una duda subsistiría: ¿dónde estamos?
OZZY
El vocalista de Black Sabbath padece, desde hace varios años, Parkinson, una enfermedad neurodegenerativa de la que también hay episodios registrados de LT.
