Imbricadas

Silvano Espíndola

Silvano Espíndola

Ornitorrinco

“Se siente que el Mundial va a estar muy desangelado”. Las mismas veces que me dijeron esto, antes del 11 de junio, fueron las que respondí: “esperemos a que comience”. Mi recuerdo del ambiente vivido en 1986 me sugería que con el pitazo inicial se enardecerían las pasiones por los siguientes 39 días. No me equivoqué. Y ahora que el Mundial 2026 ha entrado a su recta final, viene lo mejor. 

Hablemos del elefante en la habitación: en estas semifinales, pareciera que junto al chip inercial del Trionda se hubiera instalado otro, el de la geopolítica. En el caso de la primera semifinal a disputarse, no se trata de un simple duelo de dos potencias futbolísticas contemporáneas, sino que se alcanza a escuchar un eco remoto de la guerra de la Independencia española, cuando Napoleón decidió someter a su antiguo aliado e invadir la península, deponer a los reyes borbones y colocar a su hermano José Bonaparte en el trono de Madrid. Entre 1808 y 1814, España tuvo que resistir al ejército francés, el más poderoso de su tiempo, tan poderoso que, para librarse de él, requirió la ayuda de otro de los actuales semifinalistas, Inglaterra, y de un aliado quien el destino quiso que fuera su víctima durante esta justa deportiva, Portugal. Esta semifinal no reeditará la historia, pero sí enfrentará a dos Estados que ya se entrelazaron alguna vez en el pasado, en otros ámbitos, y que pronto, transfigurados en selecciones de futbol, se disputarán un lugar en la final. Si se considera todas las veces que se han enfrentado, la estadística aparenta estar del lado de España con 18 triunfos en 38 enfrentamientos y siete empates; sin embargo, sólo se han enfrentado una vez en la historia de los Mundiales (2006) y Francia lo ganó. Con todo, la carga simbólica de este partido quizás palidece frente a la del que le seguirá. 

El 2 de abril de 1982, tropas argentinas desembarcaron en el archipiélago de las Malvinas para reclamarlas, después de que el Reino Unido se las arrebatara por la fuerza en 1883. El poderío militar británico fue muy superior entonces, tanto que el conflicto concluyó con la rendición argentina en apenas 74 días, pero en el Estadio Atlanta esta vez se mirarán a los ojos los jugadores de los combinados de ambas naciones sobre un césped parejo, sin armas ni buques, pero con las mismas banderas bajo las que alguna vez se enfrentaron en un teatro bélico del Atlántico Sur. Se han encontrado cinco veces en Mundiales, e Inglaterra ha ganado tres, pero las dos que ha vencido Argentina han sido en fase eliminatoria. Todo indica, pues, que la sexta ocasión no será únicamente un capítulo más de una rivalidad futbolera iniciada mucho antes y amplificada, justo después, en México 1986.

HURONEANDO

En el Trionda el chip inercial no va “flotando” en el centro como en balones previos, sino inserto en uno de los paneles del esférico, dentro de un bolsillo en la capa interna, pegado a la estructura de un panel. Para mantener el centro de masa en el eje del balón se integraron en los otros paneles, lastres con el mismo peso que el chip.

Al hermano de Napoleón se le conoció como Pepe Botella, haciéndole fama de borracho, tras haber privatizado la producción de licores y llevarse todas las reservas de una finca famosa por sus vinos en la que se alojó por un tiempo; sin embargo, fue abstemio toda su vida.

Argentina condecoró en 1999 al cirujano de la Royal Navy, Rick Jolly, por haber salvado la vida a cientos de soldados argentinos durante la Guerra de las Malvinas.