Calidad moral

Silvano Espíndola

Silvano Espíndola

Ornitorrinco

El célebre texto, generalmente conocido como “el poema de Martin Niemöller”, a la letra dice: “Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas, guardé silencio, ya que no era comunista./ Cuando encarcelaron a los socialdemócratas, guardé silencio, porque no era socialdemócrata./ Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas, no protesté, ya que no era sindicalista./ Cuando vinieron a llevarse a los judíos, no protesté, ya que no era judío./ Cuando vinieron a buscarme a mí, no quedaba nadie que pudiera protestar”.

Este texto se cita como advertencia en contra de la indiferencia o de las estrategias de no involucramiento ante actos de injusticia, por parte de quienes no se sienten directamente ofendidos, subrayando que esa actitud, tarde o temprano, nos deja a todos desprotegidos. En pocas palabras, advierte que, callar ante la injusticia es en realidad una complicidad pasiva que destruye la solidaridad ética universal.

El 5 de diciembre, el presidente de la FIFA otorgó al primer mandatario estadunidense el flamante Premio FIFA de la Paz. Casi enseguida, el organismo rector del futbol a nivel mundial comenzó a ser criticado, debido a las operaciones militares de Estados Unidos contra Venezuela, así como por las crecientes tensiones que ha generado su presidente con Colombia, México, Brasil, Honduras, Cuba y Nicaragua. A pesar de esto, el jueves pasado, quien fuera distinguida con el Premio Nobel de la Paz 2025 le obsequió su reconocimiento, lo cual motivó la desautorización e indignación en Noruega, sin que siquiera la respaldara para ser presidenta de Venezuela, como seguramente estaba esperando. Al día siguiente, Trump redobló su escalada de presión política para hacerse con Groenlandia, llegando a amenazar con aranceles punitivos a Dinamarca, Noruega, Suecia, Francia, Alemania, Reino Unido, Países Bajos y Finlandia, en caso de no apoyar su pretensión, misma escalada que ayer coronó con la publicación de una carta dirigida al primer ministro de Noruega, en la que abiertamente le insinúa que, por no haberle otorgado el Nobel de la Paz, dejó de sentirse enteramente comprometido con la paz.

Aunque se ha dicho ya bastante, no está de más repetirlo: sus acciones podrían llegar a precipitar el fin de la era de la paz posguerra y preludiar el inicio de un periodo de obsolescencia del derecho internacional, cuyas consecuencias implicarían la inestabilidad de las fronteras geopolíticas, la amenaza a las soberanías nacionales, a la democracia y, en consecuencia, a la libertad. Es por esto que, aunque no se esté de acuerdo con regímenes como el de Maduro, y a pesar de que Groenlandia se encuentre a unos 6 mil kilómetros de México, es un acierto diplomático incuestionable el condenar las transgresiones al derecho internacional, así como a los principios de la Carta de la ONU, como hizo la Presidenta de México. De ese modo, tendremos la calidad moral (al menos) para interpelar a la comunidad internacional, cuando seamos nosotros los amenazados, como ya está sucediendo, ¿o alguien duda cómo llamar al hecho de que el Departamento de Estados Unidos nos comunique que considera “inaceptable” que estemos teniendo avances (solamente) graduales en materia de seguridad fronteriza?

A este paso, muy pronto podría no quedar nadie que proteste a nuestro favor.

ESCARMIENTO

En realidad, el llamado “poema” de Niemöller no es tal, sino parte de un sermón. Niemöller fue un pastor luterano alemán que apoyó inicialmente el nazismo, hasta que éste promulgó la supremacía del Estado sobre todo, incluyendo la religión. Entonces se convirtió en opositor, por lo cual fue arrestado en 1937 y pasó los siguientes siete años y nueve meses de su vida entre prisiones y campos de concentración.

 

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