Universidad y sociedad

El mundo de las universidades resulta alentador. Los líderes educativos se llevan bien entre sí, tanto en el entorno local como en el global. No importa si eres de una institución pública o privada. Existen acuerdos comunes. Miran hacia el largo plazo. Les preocupa la persona. Independientemente del color del gobierno en turno, intentan llegar a acuerdos para buscar objetivos comunes en beneficio de la sociedad.

Alrededor de setecientos rectores de universidades, principalmente de Latinoamérica y Europa, se reunieron en la ciudad de Valencia, España, para abordar el tema Universidad y Sociedad. Si bien es cierto que las instituciones de educación superior han jugado históricamente un papel fundamental en el desarrollo social, las circunstancias actuales entrañan desafíos de gran calado. Un mundo interconectado y complejo, problemas medioambientales, así como una tecnología que, a diferencia de las anteriores, sustituirá trabajos de gente muy cualificada.

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La llamada Declaración de Valencia recoge acuerdos en distintas materias. Integrar los retos sociales, medioambientales y económicos, redoblando las acciones hacia el bienestar y progreso, tanto de la sociedad como de las personas que la integran. Ampliar el aprendizaje a lo largo de toda la vida. Otorgar una formación integral a los alumnos. Cultivar competencias que incrementen la empleabilidad de los estudiantes y sus capacidades emprendedoras. Articular lo local y lo global. Facilitar la movilidad geográfica, virtual e intersectorial. Incrementar la colaboración con otras universidades, gobiernos e industrias.

Quizá algunos ejemplos ayuden a comprender mejor ciertas ideas e intenciones detrás de las líneas estratégicas referidas. Se trata de ser capaces de generar un trabajo colaborativo entre disciplinas y países para encontrar la solución a la curación de un ser querido. Integrar la tecnología artificial a través de un diálogo coherente entre velocidad y responsabilidad. Priorizar aquella tecnología que genere progreso humano o social. Continuar iterando distintas tecnologías para conseguir que, para 2050, 80% de la energía del mundo sea renovable.

Si nos remontamos 10 o 20 años a congresos universitarios similares al de Valencia, queda claro que algunos temas no aparecían en las intervenciones o, si lo hacían, era de modo más bien tímido. Entre ellos destaca, hoy con una decidida carta de ciudadanía, la sostenibilidad bajo parámetros que dialogan con criterios ESG (enviromental, social and governance); la creciente preocupación porque la ética crezca al lado de la tecnología; la prisa por las energías renovables y los problemas del medio ambiente; la referencia a la centralidad de la persona y la perspectiva humanista.

Por citar un ejemplo aún más concreto, alguien preguntaba si era lícito fomentar la creación de “unicornios” que generen altísimos valores de mercado, a pesar de ofrecer salarios muy bajos a sus trabajadores. La mayoría de los participantes coincidía en que es mejor lograr emprendimientos exitosos con empleos de calidad y un beneficio social mayor.

Según Larry Summers, quien fuera Presidente de Harvard y Secretario del Tesoro en los Estados Unidos de Norteamérica, la institución más importante del mundo es la universidad y su reto actual es diseminar sus hallazgos en toda la sociedad.

Un último hallazgo que, si bien no aparece en las conclusiones formales, sí que es una impresión de muchos. En la mayoría de los países representados en Valencia, existe una alta polarización política. Los extremos se golpean y sacan partido electoral a estas situaciones; sin embargo, la división no abona al beneficio social. En ese contexto, el mundo de las universidades resulta alentador. Los líderes educativos se llevan bien entre sí, tanto en el entorno local como en el global. No importa si eres de una institución pública o privada. Existen acuerdos comunes. Miran hacia el largo plazo. Les preocupa la persona. Independientemente del color del gobierno en turno, intentan llegar a acuerdos para buscar objetivos comunes en beneficio de la sociedad.

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Tan esperanzador como retador, las magníficas ideas deben convertirse ahora en acciones concretas. La creatividad, la innovación y la transformación, tan predicadas en las aulas, ahora deben reflejarse en numerosas acciones. Ahí radica el mayor desafío de la universidad actual.

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