Un chino, una inglesa, un mexicano…

Recientemente concluí un programa de perfeccionamiento directivo en una conocida universidad norteamericana. Nos reunimos 82 personas de más de 30 países, representando a los cinco continentes e industrias que iban desde la tecnología y las finanzas hasta la manufactura ...

Recientemente concluí un programa de perfeccionamiento directivo en una conocida universidad norteamericana. Nos reunimos 82 personas de más de 30 países, representando a los cinco continentes e industrias que iban desde la tecnología y las finanzas hasta la manufactura y la educación. La experiencia resultó ser un fascinante viaje de descubrimiento cultural y profesional.

Además de las reuniones plenarias con tan variado público, trabajábamos en equipos de 7-8 personas para abordar diferentes temas. Mi equipo estaba compuesto por una inglesa, una árabe, un turco, un chino, un suizo, un australiano y yo. Más allá de parecer el inicio de un chiste sobre personas que se lanzan en paracaídas desde un avión, nuestro grupo resultaba sumamente interesante debido a los distintos puntos de vista sobre los casos presentados y algunos aspectos en común que nos unían a todos. No sólo hablábamos de los materiales académicos, también dialogamos sobre la realidad de cada país y de la vida misma.

El compañero chino comentó que la democracia no era necesariamente el mejor sistema. En su opinión, la estrategia de China había sido la correcta. Si bien es cierto que hay libertades, como la de expresión, que muchos quisieran ampliar en su país, él pensaba que con tantísimas personas pasando hambre, había sido correcto centralizar decisiones y enfocar esfuerzos en la economía y la movilidad social, a pesar de sus costos.

En algún momento de la sesión, se cuestionó si un aumento de ventas de 30% era bueno o malo. Ante la opinión generalizada de que era bueno, el turco saltó inmediatamente, explicando las inflaciones por las que ha pasado su país. No se expresó bien de Erdogan, a quien atribuía buena parte de los padecimientos de sus paisanos. Nos hizo ver que un aumento de “profit” o de ingresos era relativo, dependiendo de la situación de cada país.

La inglesa, de ascendencia italiana pero viviendo en Estados Unidos, comentó sobre el error que, en su opinión, había sido el Brexit. Al mismo tiempo, preocupada por la polarización, ironizaba sobre los candidatos a la presidencia de EU, cuyas edades y perfiles no parecían ideales para dirigir el país más poderoso del mundo.

El australiano comentó que, en su país, la izquierda y la derecha estaban más centradas y no existían las discrepancias notorias en otras latitudes. Sin embargo, pensaba que la política actual a veces parecía más un circo con arlequines que cumbres de liderazgo. Ante la sorpresa de muchos, el suizo pensaba que su gobierno lo estaba haciendo bien y que, en general, habían tenido gobiernos sensatos. Mencionó también el conocido ejemplo de Bélgica, que ha sido capaz, en algunos periodos, de funcionar bien incluso sin cabeza de gobierno.

A pesar de que la mujer árabe era poco participativa en el grupo, cuestión que todos respetaron, pude recoger opiniones de otros residentes de Arabia Saudita, quienes se mostraban complacidos con los esfuerzos de su país por diversificarse y consideraban que iban por buen camino, sin confiarse únicamente en la riqueza proveniente del petróleo.

Regresando a la plenaria, me llamó la atención que, salvo los españoles y latinoamericanos, en general no ubicaban al Presidente de México. Un dato que me desanimó fue ver que Latinoamérica era la región menos representada en este grupo, habiendo sólo mexicanos y brasileños, en contraste con numerosos participantes de África, Asia, Oriente Medio, Europa y Oceanía.

Además de aprender sobre innovación, gestión y dirección, me llevé enormes lecciones adicionales. Soy consciente de que es una muestra pequeña de personas con similares estándares, al menos laborales. Comprendo que quizá esto de pie a sesgos y no necesariamente son representativos. Sin embargo, me animo a compartir algunas conclusiones y aprendizajes.

Mi grupo fue capaz de escuchar al chino argumentando a favor de sistemas distintos de la democracia con respeto y apertura, sin estar del todo de acuerdo, pero sin juzgarlo tampoco. Al escuchar al suizo, me llamó la atención que ¡existen personas que piensan que su gobierno es bueno! Después de seguir medios de comunicación y redes por muchos años, pensé que esto era casi imposible.

En la misma línea de los aprendizajes, advertí que la polarización entre izquierdas y derechas no es una historia que se pueda generalizar a todos los países. El diálogo amable es factible, a pesar de distintos o incluso encontrados puntos de vista. El repudio a la guerra y el anhelo por la paz es una postura bastante universal. Los seres humanos somos los mismos independientemente de nuestro país, creencia o actividad; tenemos más o menos las mismas preocupaciones, miedos, anhelos e ilusiones.

Esta experiencia subraya la importancia de la apertura y el respeto en un mundo cada vez más interconectado, recordándonos que, al final, todos buscamos lo mismo: un futuro mejor.

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