¡Que tengas un gran semestre!

Querida alumna, querido alumno que comienzas un nuevo ciclo –en preparatoria, licenciatura o posgrado– este enero 2024: Te adelanto que un semestre escolar no es una novela rosa. La vida tampoco. De hecho, si fuera así, quizá sería menos apasionante de lo que ...

Querida alumna, querido alumno que comienzas un nuevo ciclo –en preparatoria, licenciatura o posgrado– este enero 2024:

Te adelanto que un semestre escolar no es una novela rosa. La vida tampoco. De hecho, si fuera así, quizá sería menos apasionante de lo que realmente puede ser. Considero que se parece más a una aventura épica y por ello quiero transmitirte algunos consejos que te pueden ser útiles en lo académico, en lo profesional y en lo personal.

Espero emprendas tus materias con el objetivo no sólo de desarrollar conocimiento, sino también sabiduría. Como dice Arthur Brooks, “conocimiento es saber que el tomate es una fruta; sabiduría es saber que no hay que usarlo en las ensaladas de fruta”. Tampoco desprecies el conocimiento bajo el argumento de que lo puedes encontrar a la distancia de un clic. Búscalo, digiérelo, compréndelo a fondo y, al final, articúlalo, conéctalo y trasciéndelo; ninguna inteligencia artificial lo puede hacer por ti.

Según Raymond Cattell, hay dos tipos de inteligencia. La fluida, que hace posible resolver problemas difíciles, y la cristalizada que, además de lo anterior, permite aprender de la experiencia y madurar el conocimiento. Ojalá logres transitar de la inteligencia fluida a la cristalizada, de modo iterativo, paciente, resiliente y disfrutando también el trayecto –lo cual no es menos importante que las características anteriores–.

Según muchos estudios, por ejemplo el de Robert Rosenthal (Interpersonal Expectancy Effects), cuando los profesores ponen altas expectativas en un curso, los estudiantes desarrollan más su inteligencia y obtienen mejores calificaciones. Es decir, les permite acceder a la inteligencia cristalizada y dar lo mejor de sí mismos. La gente que sabe “estirarnos”, comprensiva y amablemente, para impulsar nuestro potencial y personalidad, nos hace mucho bien.

Hablando de otros campos, te recomiendo poner en práctica la ética de la hospitalidad, que explica bien Daniel Innerarity. Una ética a través de la cual podemos desarrollar paciencia ante las contrariedades, los giros inesperados, las enfermedades o las crisis, en definitiva, ante el dolor. El dolor es inevitable y, quien sabe manejarlo, encuentra una insospechada felicidad.

Conviene acercarse con conciencia crítica a los medios de comunicación tradicionales y, más aún, a las redes sociales. Este año no sólo será más largo por ser bisiesto, sino porque veremos en primera fila las campañas presidenciales. Las aseveraciones ahí vertidas son, en ocasiones, falsas y, con frecuencia, verdades a medias o descontextualizadas. Busca métodos objetivos para conocer lo que está sucediendo, de preferencia gracias a tu observación directa o a través de testigos o fuentes cualificadas.

Date cuenta que disentir con alguien no es odiarlo. Se vale tener puntos de vista distintos, pero separa la persona de la acción. Al revés, igual: si alguien no está de acuerdo contigo, con una conducta tuya, no necesariamente significa que te descarte. Es probable que simplemente no esté de acuerdo con algo que haces. Y se vale.

Cuando se trate de seleccionar un líder, no escojas al que hable más, sino al que realmente tenga condiciones de liderazgo. Evita el Babble effect, como nos previene Adam Grant: nos apantallan aquellos que dominan la discusión siendo que nos tendrían que impresionar, más bien, aquellos que la elevan.

No “objetifiques” a las personas, como nos advierte también Brooks. No es bueno reducirlas a sus atributos como puede ser la belleza, el dinero o el poder. Si alguien te valora únicamente por el placer que le generas, el dinero que le otorgas o la función que le suministras, mejor aléjate. Evita, asimismo, la ebriedad de la libertad, aquella que te concede todo tipo de libertades, pero al final conduce a la desilusión y a la angustia.

Según Sanz Santacruz, la identificación del amor con el mero placer ha escamoteado el sentido del dolor y ha hecho infelices a muchas personas. Cuida mucho tus relaciones. Parecería que el secreto para la felicidad es la pasión romántica. En realidad, es más importante la satisfacción de las relaciones, el amor compasivo, el compromiso, el entendimiento mutuo y la amistad, como lo señala el estudio de Harvard que ha seguido a personas a lo largo de muchos años de su vida y transmite la experiencia de aquellos que verdaderamente se sienten satisfechos con su existencia.

Ciertamente los logros son importantes: un título, un puesto, un premio. Sin embargo, como nos recuerda Fernández Pedemonte, los frutos son aún más importantes; son personales, se relacionan con lo más profundo de tu ser, impactan en el ser de otras personas y no sólo en el hacer.

Finalmente, una idea que aplica por igual a educadores y educandos, directivos y empleados. El intercambio humano no necesita sólo entender las cosas, sino que implica apreciar actitudes. El engreimiento personal suele ser obstáculo para quienes tenemos personas bajo nuestra responsabilidad. Como dice el mismo Fernández Pedemonte, se explica lo que se sabe, pero enseñamos lo que somos. Por esa vía tú puedes también, querida alumna y querido alumno, no sólo recibir, sino también convertirte en maestro de tus propios compañeros e, incluso, de tus profesores.

¡Buen semestre!

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