Pensamiento crítico
Como señala el filósofo español Gregorio Luri, hemos pasado, en algunos casos, del learning by doing al doing by doing. Según él, el trabajo en equipo y el enfoque en proyectos son valiosos, pero son medios, no fines en sí mismos.
En estudios sobre megatendencias educativas, el pensamiento crítico figura como una de las habilidades más valiosas a desarrollar. De igual manera, cuando se pregunta a las organizaciones qué buscan en los jóvenes que contratan, este atributo es especialmente apreciado. No obstante, en el entorno social y político contemporáneo, a menudo observamos lo contrario: exaltación, polarización, emotivismo y precipitación, entre otras actitudes que más bien muestran poca reflexión. Entonces, ¿cómo fomentar el pensamiento crítico, a pesar de estos obstáculos?
Comencemos por la educación. Si bien es cierto que hemos avanzado hacia una educación más práctica, enfocada en las soft skills, no podemos descuidar la importancia del conocimiento sólido: el estudio riguroso, el análisis profundo y la síntesis coherente.
Como señala el filósofo español Gregorio Luri, hemos pasado, en algunos casos, del learning by doing al doing by doing. Según él, el trabajo en equipo y el enfoque en proyectos son valiosos, pero son medios, no fines en sí mismos; no podemos, por tanto, caer en un activismo pedagógico donde predomine la espontaneidad o la desinhibición sin sentido. Debemos combinarlo con actividades fundamentales como la lectura reflexiva, la evaluación crítica, la escritura matizada y la capacidad de estructurar ideas con claridad.
Es verdad que la opinión de todos los estudiantes merece ser escuchada, pero también es cierto que, en ciertos temas, debemos dar mayor peso a los juicios de los expertos: los médicos para un diagnóstico, los ingenieros civiles para un cálculo estructural o los economistas en la interpretación del PIB.
Llevando esto al ámbito social, en ocasiones los debates técnicos se politizan o, al contrario, las decisiones políticas se abordan con criterios exclusivamente técnicos. Si bien es importante escuchar a la ciudadanía, en ciertos temas es más crucial prestar atención a los expertos. El pensamiento crítico nos ayuda a discernir cuándo es necesaria la opinión de la mayoría y cuándo la de los especialistas, cuándo es apropiado el criterio técnico y cuándo el político.
En el mundo de la posverdad, muchas personas ganan debates utilizando falacias o, peor aún, con el simple volumen de sus voces. Basta ver los debates de candidatos presidenciales de numerosos países. Es triste constatar que muchas decisiones importantes se basan simplemente en posiciones ideológicas; que las votaciones en las cámaras son sencillamente imposiciones partidistas, donde se extraña, precisamente, un diálogo respetuoso basado en pensamiento crítico –incluyendo el de aquellos que se oponen- donde se busque el bien común y no los fines politizados–. Es vital regresar a la honestidad intelectual, al argumento ponderado y al respeto por la verdad. El pensamiento crítico nos permite evaluar, estimar y emitir juicios que, además de ser apegados a la realidad, ponen a la persona en el centro.
El pensamiento crítico también debe dirigirse hacia uno mismo. ¿Cuántas veces nos engañamos racionalizando, cuando lo que en realidad hacemos es justificar un capricho, alimentar el ego o sostener una emoción que no podemos controlar?
Es fundamental entrenar la mente para pensar críticamente. Brian Tracy, por ejemplo, sugiere sustituir la emoción que nos inclina hacia decisiones a corto plazo por un análisis crítico que busque el bien mayor. De manera similar, Rolf Dobelli ofrece consejos prácticos en su obra El arte de pensar con claridad. El pensamiento crítico distingue cuándo no es necesario razonar, sino simplemente divertirse o convivir con otros en un ambiente más lúdico.
La ausencia de pensamiento crítico en las aulas, los ambientes intelectuales, la gestión empresarial, el debate político y las políticas públicas abre la puerta a un caos emocional que nubla las buenas decisiones. Hoy, más que nunca, necesitamos un pensamiento crítico sensato, humano, honesto y maduro, que sirva de guía en la educación, la empresa y la política; que sea capaz de conjuntarse con las soft skills, sin caer en racionalismos. No se trata sólo de una habilidad deseable, es un acto de responsabilidad con nosotros mismos y con la sociedad. En tiempos donde la polarización y la superficialidad parecen dominar el discurso, pensar críticamente es el único camino hacia decisiones más sabias, más humanas y más justas.
