Pandemia, pobreza y otras afectaciones a la mujer
El confinamiento trajo otro peligro para la mujer que, como la pobreza, puede ser mortal: la violencia. El primeraño de aislamiento mostró que en los hogares se aviva la tensión por la incertidumbre, precarización de la salud y las finanzas del hogar. Phumzile Mlambo-Ngcuka, directora ejecutiva de ONU Mujeres, dijo que la pandemia aisló más a las mujeres.
Desde septiembre de 2020, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) alertó que la pandemia arrastraría a 96 millones de personas a la pobreza extrema. Al mismo tiempo, ONU mujeres calculaba que, al concluir 2021, habría 435 millones de mujeres y niñas pobres en todo el mundo. Aún no han concluido los cálculos de pobreza, pero hay regiones del mundo en donde los escenarios lucen realmente catastróficos.
Por otra parte, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) advirtieron que la pandemia revertiría avances conseguidos en materia de oportunidades para las propias mujeres.
“Con el gran número de puestos de trabajo perdidos y la explosión de la carga de los cuidados no remunerados, con la disrupción de la enseñanza y la escalada de la crisis de la violencia doméstica y la explotación, la vida de las mujeres se ha visto perturbada y sus derechos erosionados (…). Las consecuencias de ello durarán mucho más que la pandemia. Sin embargo, las mujeres también han estado en primera línea en la respuesta a la pandemia”, señaló António Guterres, secretario general de la ONU.
La razón de este efecto particular sobre la mujer es multifactorial. Sin embargo, hay algunos elementos que nos permiten comprender las causas, necesarias también para encontrar soluciones. Por un lado, la histórica desventaja de oportunidades frente al hombre. Adicionalmente, porque uno de los sectores más afectados por la pandemia es el turístico, y, en general, el de servicios, donde más mujeres se encuentran ocupadas en nuestro país (Inegi, 2020).
Valeria Moy, sobre este tema, agregaba: “Las mujeres en el sector de los servicios no eran las gerentes… hacen limpieza, cocina, servicios. Ésos son los empleados que fueron despedidos”.
Adicionalmente, la mujer sigue jugando un papel de mayor peso durante el covid-19 en el cuidado de trabajos no remunerados como consecuencia del cierre de las escuelas y el aumento de las necesidades de los adultos mayores en los hogares.
La situación de confinamiento trajo otro peligro para la mujer que, como la pobreza, puede ser mortal: la violencia. La experiencia del primer año de aislamiento mostró que en los hogares se aviva la tensión por la incertidumbre, precarización de la salud y las finanzas del hogar.
Además, como subrayó Phumzile Mlambo-Ngcuka, directora ejecutiva de ONU Mujeres, la pandemia aisló a las mujeres de las personas, autoridades e instituciones que pueden brindarles apoyo, dando como resultado circunstancias propicias para ser víctimas de violencia.
Al respecto, en México, para el 15 de mayo de 2020, con dos meses de aislamiento, las cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) ya daban cuenta de un sensible aumento de llamadas al 911, denunciando violencia contra la mujer y agresiones sexuales.
En este contexto se entiende que el Foro de Davos, en su informe anual sobre la brecha entre hombres y mujeres, remarcó que la ansiada paridad se retrasa, al menos, otra generación. La pandemia ha añadido 36 años al tiempo requerido para abatir la mencionada brecha, pasando de 99.5 a 135.6 años.
Aparentemente estamos comenzando, ahora sí, una etapa pospandemia, con sus incuestionables ventajas y esperanzas.
Sin embargo, en el balance de los daños, además de los numerosos fallecimientos, habría que advertir las afectaciones directas en la pobreza en países como México, así como su repercusión particular en las mujeres.
Conviene recordarlo, especialmente frente al Día Internacional de la Mujer en un país donde, además, el látigo de la pobreza está ahora más lejos de ser erradicado.
