¿One best way latinoamericano?
Para las siguientes décadas es necesario plantear estrategias económicas y socialesque estimulen la riqueza, al tiempo que se establezcan controles para evitar los problemasde desigualdad, salud, pobreza, etcétera, tan específicos de nuestra realidad mexicanay latinoamericana.
Las tensiones entre planteamientos económicos y políticos son comunes en la sociedad actual. El debate considera el modelo americano, alemán, escandinavo y asiático, entre muchos otros. Dentro de ese enorme mosaico, el mundo latinoamericano no sólo carece de un modelo probado, sino que sus discusiones distan mucho de encontrar verdaderos mecanismos de solución.
Incluso en los países generadores del capitalismo es sabido que ese sistema sin regulación genera desigualdad, fragmentación y polarización. Más evidente aún resulta al aplicarlo a Latinoamérica. Al mismo tiempo, la abolición del capitalismo priva a la sociedad de libertad, creatividad y dinamismo, generando retrasos y mayor pobreza.
Si en los países desarrollados es muy difícil asegurar la conveniencia de un one best way para gobernar las sociedades, en una realidad tan compleja como la latinoamericana, la imposición de dogmatismos se advierte no solo inapropiada, sino peligrosa. Ante esa realidad, es imperiosa la necesidad de aglutinar más personas e instituciones que dediquen tiempo y esfuerzo a la generación de modelos y soluciones sólidas y realistas.
Modelos alternativos a los dos tradicionales han sido propuestos especialmente entre economistas e intelectuales europeos. En su momento, Chesterton y Belloc plantearon un “distributismo” orientado a fortalecer la propiedad privada en un marco comunitario y social. E.F. Schumacher hablaba de las tecnologías apropiadas y modelos de desarrollo más pequeños, pero acordes a las necesidades específicas de ciertas regiones. Schumpeter, por su parte, se hizo famoso por su explicación de la “destrucción creativa” que acompaña a los emprendimientos y enfatizó la necesidad de la innovación para el crecimiento. Recientemente, Phillippe Aghion ha profundizado en aquellos principios de Schumpeter y propone algunas estrategias para mantener el capitalismo al tiempo que regula su alcance para atender los grandes problemas sociales. Tan actual es el tema que, recientemente, Barry Eichengreen afirmó que la destrucción creativa puede salvarnos, también, de la economía que nos ha heredado el coronavirus.
¿Es posible estimular la movilidad social, reducir la desigualdad y favorecer la generación de riqueza? Henri Weber, quien fuera líder del mayo del 68 francés y trotskista reconocido, sufrió un proceso de cambio que derivó en posiciones propositivas que incluían la llamada a los líderes empresariales a servir al bien común y vislumbraba ciertos caminos de solución en el marco europeo. Ahora bien, ¿es realmente factible evolucionar sin desigualdad en la realidad latinoamericana y mexicana?
Hace muchos años, Gabriel Zaid atinó en diagnosticar que las soluciones mexicanas no podían ser tan verticales y debían partir de la realidad de “los de abajo”. Una de las propuestas del gran intelectual mexicano atravesaba por el fortalecimiento de pequeñas empresas y realidades económicas, generando soluciones de abajo hacia arriba. Más allá de ejemplos ilustrativos como el propuesto por Zaid, está claro que se necesitan muchas más personas e instituciones analizando a fondo nuestra realidad y planteando soluciones de fondo más allá del ruido del debate político actual. La fuerza que han ido tomando conceptos como la economía del desarrollo, economía sustentable, capitalismo social, economía socialmente responsable, etcétera, es alentadora, pero es preciso desarrollar estas ideas con mayor profundidad y precisión para las circunstancias actuales y futuras. Es importante basarse en principios sólidos, pero implementar soluciones flexibles, sabiendo incorporar todas las herramientas técnicas y científicas con la prudencia como eje rector.
Para las siguientes décadas es necesario plantear estrategias económicas y sociales que estimulen la riqueza, al tiempo que se establezcan controles para evitar los problemas de desigualdad, salud, pobreza, etcétera, tan específicos de nuestra realidad mexicana y latinoamericana. Para ello, se requiere un esfuerzo adicional de intelectuales, economistas, políticos y empresarios, que dejen atrás soluciones de un solo camino, entiendan la profundidad y complejidad de nuestra cultura y concentren sus energías en la generación de soluciones creativas y realistas.
