La verdad en la ciencia

En la política actual, por ejemplo, los técnicos han usado su lógica para tomar decisiones políticas y, en cambio, algunos políticos insisten en decidir en ámbitos técnicos: ninguno de los dos ha resultado en mejor gobierno.

Michael Jindra y Arthur Sakamoto son los autores del artículo titulado Cuando la ideología conduce las ciencias sociales (When ideology drives social science), publicado en The Chronicle of Higher Education. Los académicos analizan los sesgos que tiene la investigación y cómo las ideologías están influyendo en los métodos de las ciencias naturales y sociales.

El siguiente relato ejemplifica bien lo que ambos académicos buscan transmitir. Resulta que los consumidores de alcohol recibieron malas noticias recientemente. Algunos estudios habían mostrado que el consumo moderado de bebidas alcohólicas generaba beneficios para la salud. Sin embargo, nuevos análisis parecen demostrar que las mejoras más bien se debían a otros hábitos de los consumidores, como comer sano o hacer ejercicio. Al profundizar en el estudio advirtieron que la selección de variables original tenía un sesgo que fue determinante.

Al conversar sobre un tema similar, el psicólogo cognitivo Steven Pinker aseguraba: “Muchos líderes e influenciadores, incluyendo políticos, periodistas, intelectuales y académicos se rinden ante el sesgo cognitivo de evaluar el mundo a través de anécdotas e imágenes más que en datos y hechos” (The Harvard Gazette, 2019).

Va otro ejemplo. Se ha suscitado un debate en torno a la teoría de la política de “ventanas rotas”. Me explico. Originalmente se pensaba que la reparación inmediata de ventanas o bardas pintadas en zonas con alto nivel de criminalidad generaba un ambiente que propiciaba menores incidencias delictivas. Sin embargo, ahora hay dudas respecto a esa postura. Seguramente la política de reparación inmediata ayuda —señalan algunos científicos del comportamiento—, pero las principales causas que ayudan a reducir las conductas antisociales parecen tener más qué ver con la rápida respuesta de las autoridades y/o la presencia de personas, es decir mayor vigilancia, en la zona. Queda claro que son muchas las variables interconectadas, de tal modo que el estudio originario no es determinante. Las ciencias sociales son complejas y distintas a las correlaciones técnicas.

En Estados Unidos, una de las quejas frecuentes de los republicanos consiste en que sólo 8% de la población son “progresistas activos” y, sin embargo, en buena medida ellos dominan el mundo de las ciencias sociales y las humanidades. Los filtros para autorizar o rechazar publicaciones científicas están sesgados por esta situación, de tal modo que con frecuencia “la ciencia” favorece posturas que empatan con esa posición ideológica. En contraparte, algunos grupos de extrema derecha controlan ciertas legislaturas estatales y están intentando colocar políticas universitarias de acuerdo a sus posiciones, sin considerar tal vez objetivas necesidades de inclusión. Se propicia la polarización y el conflicto, pero no ayuda en la búsqueda sincera de la verdad, rematan atinadamente Jindra y Sakamoto.

Los métodos usados para las ciencias naturales y después aplicados a las ciencias sociales son claramente insuficientes; si le agregamos los habituales sesgos humanos, la situación se complica. Esa confusión entre ámbitos no se da sólo en la investigación, sino en muchos otros. Aplicar una herramienta que funciona en un ámbito no necesariamente garantiza que su utilización en otro sea correcta. En la política actual, por ejemplo, los técnicos han usado su lógica para tomar decisiones políticas y, en cambio, algunos políticos insisten en decidir en ámbitos técnicos: ninguno de los dos ha resultado en mejor gobierno.

Al mismo tiempo, las técnicas científicas son limitadas al aplicarse a las ciencias sociales, pues las causas relacionadas con el comportamiento humano son complejas. La realidad de las personas y de situaciones sociales es extremadamente rica en matices y no puede reducirse a unas cuantas variables, por más exhaustivas que sean. El ideal de objetividad buscado en la ciencia, es decir, esa aspiración de analizar un objeto mediante procedimientos generalmente aceptados por los científicos, es tarea mucho más ardua en las áreas del comportamiento humano.

La confusión actual transita de una legítima y deseable interdisciplinariedad a una mezcla artificial de ámbitos. Por si fuera poco, la utilización de herramientas de modo sesgado o ideológico dificulta nuestro acceso a la realidad. Sin embargo, sí existe una actitud que podría ayudar a resolver polémicas, evitar sesgos, articular correctamente ámbitos; aplica, además, a la política, a la ciencia, a la educación y a prácticamente cualquier ámbito. Consiste en la sincera disposición por encontrar la verdad y comprometerse con ella.

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