La tuitósfera y sus sesgos
Como cualquier herramienta, Twitter tiene sus pros y contras. Desde la sencillez de sus mensajes, hasta la agresividad y el pesimismo que asumimos.
Recuerdo que cuando Twitter era una novedad, un conocido explicó así esta red social: “Es como salir a la calle y gritar algo. Algunos te ignoran, otros repiten lo que escucharon o creen haber oído, algunos te responden, otros hablan sobre lo sucedido”. Principalmente, por la brevedad e inmediatez informativa que Twitter facilitó, la plataforma se consolidó alcanzado, según el Informe Digital 2022, elaborado por We Are Social y Hootsuite, aproximadamente 436 millones de usuarios activos en todo el mundo. En México hay 4 millones de cuentas de Twitter de las cuales el 60% están activas.
Billones de caracteres han pasado desde aquel “Configurando mi cuenta Twitter” (just setting up my twttr), primer tuit en la historia que Jack Dorsey publicó por allá de marzo del 2006. En miles de breves mensajes emitidos cada minuto, hemos atestiguado importantes noticias, escándalos amorosos, triunfos políticos, debacles bursátiles e incendios reputacionales.
Como cualquier herramienta, Twitter tiene sus pros y contras. Desde la sencillez de sus mensajes, hasta la agresividad y el pesimismo que asumimos, con no poca frecuencia, ante determinados temas y/o personas. Es conocida aquella publicación que identifica los pecados capitales con algunas redes sociales: pereza, Netflix; avaricia, Pinterest; envidia, Facebook; gula, Instagram; soberbia, LinkedIn; lujuria, Tinder. Y por supuesto, la ira para Twitter.
Es curioso advertir la mutación de personalidades en el mundo digital “de los 140 caracteres”. Twitter transforma a muchos tímidos en agresivos y a analíticos en pesimistas.
Asimismo, resulta terapéutico, pues muchos usuarios buscan sentirse mejor o simplemente quedar bien al mostrar una personalidad que, se estima, será más aceptada por los demás. Esa es una de las razones por las que esta plataforma no es tan real como parece, o más bien, no refleja adecuadamente la realidad: abundan las proyecciones, exageraciones y catastrofismos. La “cámara de resonancia” nos muestra información, ideas o creencias amplificadas por repetición dentro de un sistema cerrado. Creemos que son más y más quienes piensan lo mismo y, por lo tanto, debería ser cierto, sin advertir que son eco, simples redundancias.
Como estoy estrechamente ligado a la vida universitaria, con frecuencia pienso en mis alumnos. Si su fuente principal de información es Twitter, podrían pensar que el mundo está inundado de corrupción, polarización, malas noticias y peores personas, degradación, racismo, etcétera. La estridencia de ciertas cuentas o ideologías, facilita considerar que hay numerosas razones para ser pesimistas e imaginar que el futuro será catastrófico. Que agredir a otras personas o formas de pensar es parte de nuestra cultura. Que el sentido del humor hiriente es el más común.
Sin embargo, al platicar con esos mismos protagonistas digitales en ambientes más privados y en persona, te darás cuenta de que saben hacer matices, entienden que las cosas no se pueden generalizar, distinguen rumores de hechos, su panorama vital es menos oscuro y tienen capacidad de establecer lazos amables con otras personas. Es decir, su personalidad no empata del todo con la de Twitter. Su yo real tiene algunas diferencias y su círculo social presencial suele tener dinámicas más positivas que el virtual.
Según distintos psicólogos que han estudiado las redes sociales, las personas se desprenden más fácilmente de la carga emocional al agredir a otros. El mundo digital dificulta una visión integral de la persona, que se observa de una manera segmentada. Se experimenta un fenómeno llamado desinhibición en línea, potenciado por el anonimato. Todo esto es conocido, pero no necesariamente se actualiza en nuestras mentes en el momento de interactuar en la plataforma. Eso puede generar un sesgo cognitivo y llevarnos a pensar que la realidad es distinta de como es. Y, quizá, terminar pensando así.
Ciertamente, Twitter es un foro de libre expresión con rasgos positivos. Se suele explicar también como una herramienta propia de la democracia, que da entrada a distintas voces. Sin restar algunos de esos méritos, también habría que calibrar el sesgo de las agendas ideológicas que hacen ver como mayoría algo que es minoritario y que, por la vía de la corrección política, pueden terminar generando en efecto esas mayorías. Al mismo tiempo, se debe analizar el sesgo de personalidad que asumimos en Twitter donde expresamos opiniones que no necesariamente corresponden a la realidad de lo que pensamos o sentimos, con lo cual, nuestro input a la democracia, es al menos parcial. Otra vez, Twitter refleja una realidad, pero claramente una perspectiva parcial y sesgada.
