La polarización no es insuperable

La tolerancia es, precisamente, la capacidad de respetar una actividad con la que no estamos de acuerdo, de lo cual no se deriva tampoco que aquello haya que celebrarlo.

Las elecciones intermedias en Estados Unidos fueron uno de los temas más comentados en la semana. Si bien el voto castigó al presidente Biden, la “ola roja" no fue lo arrolladora que se esperaba. Sigue llamando la atención la capacidad que tiene el sistema americano para generar alternancia sin mayores tropiezos en el desarrollo nacional. Sin embargo, los adjetivos calificativos agresivos entre demócratas y republicanos, no sólo a nivel político, sino a nivel personal, se mantienen protagónicos en la historia americana contemporánea.

¿Tiene que ser así? ¿La belicosidad y la aspereza son condiciones del disenso político? Habría que pensar si esto es un hecho irrevocable o, si bien, existen alternativas que puedan suavizar posturas extremas y tender puentes, no sólo en el vecino del norte, también en la polarizada realidad que se registra en tantos países.

Con frecuencia juzgamos a una persona por su filiación a un partido. Sin embargo, casi nunca tratamos de entender las raíces de esas preferencias. Prevalece el prejuicio y el separatismo antes que colocarnos en sus zapatos. “O en sus entrañas”, va más una expresión japonesa.

Considero que no tendría que ser tan complicado entender el sufrimiento de una persona en estado de pobreza que vota a la izquierda como un grito de esperanza; propuesta en la que se siente más comprendido y apoyado. Como también advierto comprensible la preocupación del sector empresarial por encontrar condiciones de mercado que no les quiten el sueño a ellos ni a sus empleados. Desde una perspectiva reduccionista, sin duda estas podrían ser posiciones para ejemplificar los dos extremos del espectro político. Pero, ¿no son las dos visiones necesarias para construir una mejor realidad?

Cuando profundizamos en las causas nos damos cuenta que, en la mayoría de las personas, no hay anhelos destructivos, sino razones comprensibles para inclinarse hacia un modo de pensar u otro. En el mencionado panorama estadunidense, demócratas y republicanos podrían aprender a no discriminar a priori por el hecho de pensar distinto y, menos aún, cuando hay causas justas defendidas por cada uno.

En el caso americano, además, las consideraciones morales han coadyuvado a una visión enconada de la realidad y son parte de la división actual entre sus partidos. Algunos demócratas expresan, por ejemplo, que la discriminación ha sido un problema en la historia americana. Hecho que casi todos aceptan. Sin embargo, ello no significa que considerar como inmoral el comportamiento de una persona implique odiarla, como lo intentan aclarar algunos republicanos.

Michele Gelfand, profesora de comportamiento organizacional de Stanford, habla de la eficacia de los modelos de resolución de conflictos en las empresas, los cuales han permitido reducir el exceso de estrés (burnout) y mejorar la unidad. ¿No será posible transportarlos a la esfera social y mejorar así el panorama político?

Según un colega de Gelfand, Saumitra Jha, siempre es factible enfocarse en bienes comunes en posiciones encontradas, por más difícil que parezca. Si esto se logra, los siguientes pasos en la conversación se facilitan de modo sorpresivo, aunque naturalmente haya temas en los que se opina distinto.

Incluso en valoraciones morales contrapuestas, casi siempre existen valores comunes. Pongamos el ejemplo del aborto, de nuevo protagónico en las elecciones intermedias norteamericanas. En general, todas las posturas se indignan ante una violación y están preocupados por la mujer embarazada. La conversación jamás parte de un punto común como este, desde el cual podría ser más constructivo el diálogo. Lo habitual es trasladar la discusión a la idea enfrentada, incluso caricaturizada, entre una vida y un cuerpo, entre un niño y una madre. Desde esa perspectiva sólo se sigue la animadversión. Y no reparamos en que la defensa de la vida implica también optar por el bienestar de la madre.

Si alguien disiente de nuestras valoraciones no significa que me odie. Simplemente piensa distinto. De hecho, la tolerancia es, precisamente, la capacidad de respetar una actividad con la que no estamos de acuerdo, de lo cual no se deriva tampoco que aquello haya que celebrarlo. La distinción entre hechos con los que no estamos de acuerdo y personas a las que, aun así, podemos respetar suele no estar presente y podría ser un bálsamo que reoriente las relaciones políticas y civiles.

La polarización es capitalizada políticamente, porque deviene en un reduccionismo que lleva a votar sólo dos opciones aparentes: o ellos, los malos, o nosotros, los buenos. Ese encono derivado es social y culturalmente venenoso. Pienso que no hay que dar por sentado que la polarización es insuperable. Existen esfuerzos loables, como los señalados por los profesores de Stanford, para tender puentes. Hacer un esfuerzo por comprender las causas de las otras posiciones, buscar bienes comunes en opiniones encontradas, así como distinguir personas y hechos, pueden ser el inicio de un itinerario que lleve a mejor puerto.

Temas: