La irreversibilidad de la nueva era laboral

El trabajo remoto tuvo beneficios importantes: menor ausentismo y deserción laboral, motivación para los empleados, ahorro en traslados, productividad y bienestar integral.

En las últimas semanas, voces de la política nacional e internacional han insistido en “el fin de la pandemia”: anhelada sentencia que llega tres años después. La crisis sufrida, no únicamente en materia de salud, sino en lo económico y social, implicó cambios en casi todos los sectores, especialmente profundos en los de hospitalidad, turismo, educación, inmobiliarios, comunicación y logística, por citar algunos. El mundo laboral vivió hondas modificaciones ahora heredadas en modelos de trabajo remotos, híbridos y flexibles. Con el fin oficial de la contingencia sanitaria experimentarán la prueba de fuego: sabremos si realmente llegaron para quedarse.

Durante la pandemia, el trabajo remoto trajo consigo retos para las organizaciones y los colaboradores. Los nuevos estilos de trabajo se adoptaron de modo imprevisto y repentino. Pocos estábamos verdaderamente preparados. Muchos no lo lograron. La mortandad de empresas es ya un hito en la historia económica mundial.

Pasado el tiempo, se verificó que el trabajo remoto tuvo beneficios importantes: menor ausentismo y deserción laboral, motivación para los empleados, ahorro en traslados, productividad y bienestar integral. Por otra parte, laborar desde casa tenía más interrupciones, generaba ansiedad digital, fatiga, intromisiones entre hogar y trabajo, entre otros retos.

Uno de los grandes aprendizajes de la pandemia es la importancia del balance entre trabajo y vida personal. En la actualidad, este equilibrio es especialmente valorado en la población joven. Un segundo aspecto, revalorado y fortalecido, es la salud física y mental de los colaboradores. Ambos aspectos han sido correlacionados según varios estudios, por ejemplo, con menores probabilidades de deserción laboral. Son, de hecho, dos de las grandes preocupaciones de las áreas de recursos humanos, quienes con frecuencia se acercan a las universidades para preguntar cómo ser más atractivas para los más jóvenes.

Al terminar el confinamiento, las organizaciones han probado todo tipo de estrategias: volver cien por ciento al trabajo presencial, esquemas híbridos, trabajo completamente a distancia, alternativas flexibles. Algunas empresas que optaron por las actividades online pronto descubrieron afectaciones en la cultura organizacional y en la productividad. Son conocidos los casos de gigantes, incluso tecnológicos, que optaron por recular. ¿Qué ocurrirá en el futuro? ¿Viviremos una “nueva era laboral” o será simplemente una pequeña variación del precovid-19?

A los retos referidos hay que agregar la cuarta revolución industrial, marcada por una mayor automatización, uso de datos e inteligencia artificial. Con lo cual, el reto para liderar organizaciones privadas y públicas es aún mayor. Por tanto, este parteaguas será factible únicamente si va acompañado de un liderazgo efectivo, mismo que, paradójicamente, depende más de las virtudes humanas que de los avances tecnológicos.

Si bien es innegable que el trabajo flexible presenta inconvenientes para asumir la cultura organizacional, la creatividad de los líderes será el antídoto correcto, buscando espacios de convivencia y relacionamiento en los momentos y lugares adecuados. Han surgido herramientas como los clústers de cultura organizacional que, a través de un buen diseño, pueden inyectar y fortalecer esos principios y valores fundamentales para el cumplimiento de la misión de cada organización.

En este mismo contexto, el liderazgo creativo deviene clave para encontrar soluciones a los inconvenientes que resulten del trabajo flexible, especialmente en la armonización entre los objetivos institucionales y los de cada colaborador. Así, por ejemplo, una de las competencias indispensables en los nuevos liderazgos es la llamada “inteligencia cultural”, que permita crear confianza, motivación y entendimiento entre los equipos de trabajo.

Más allá de la digitalización y cambios culturales necesarios para el trabajo flexible, existen algunos retos adicionales para la sociedad pospandemia: conseguir la justicia laboral ante colaboradores “híbridos” pero también para los que se han sentido afectados por el modelo flexible, facilitar una infraestructura para vivir y trabajar, dotar a los colaboradores de las herramientas necesarias para el trabajo flexible, generar nuevas estructuras organizacionales que favorezcan el trabajo remoto e híbrido, un nuevo diseño en las casas para lograr la distinción de ambientes de trabajo y hogar, entre muchos otros.

Estoy convencido que el crecimiento en modelos remotos e híbridos hacia el largo plazo es tan irreversible como conveniente. El mundo laboral sí será un mundo distinto al previo a la crisis de salud por el covid-19. El equilibrio entre trabajo y familia, trabajo y vida personal, parece ser el gran ganador. La clave para que esto funcione, en mi opinión, es múltiple: claridad en los objetivos, accountability en los resultados, flexibilidad laboral y nuevos liderazgos.

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