La cultura en tiempos de pragmatismos

La cultura no se aprecia como prioritaria en un país donde la inseguridad es grave y donde numerosas personas viven en pobreza.

Claudia Sheinbaum anunció esta semana a otros tres miembros de su gabinete. Desde el anuncio de los primeros cuatro, el pasado 20 de junio y hasta estos últimos del 18 de julio, mucha tinta ha corrido sobre las personas que ocuparán dichos cargos. Algunas secretarías, como Gobernación, Hacienda, Seguridad y Relaciones Internacionales, poseen un rol protagónico, mientras que otras pasan casi desapercibidas. Es el caso, especialmente, de la Secretaría de Cultura, que será encabezada por Claudia Curiel de Icaza a partir de octubre.

¿Por qué resulta menos relevante la cultura en la opinión pública? Quizá porque no se aprecia como prioritaria en un país donde la inseguridad es grave y donde numerosas personas viven en pobreza. También podría pensarse que la cultura es menos “medible” que los ámbitos económicos, demográficos o sanitarios, y sus logros no son tan visibles. Llama más la atención la edificación de un gran inmueble que el crecimiento en el índice de lectores, por ejemplo. 

Emilio Lledó afirmó hace tiempo que había una tendencia “pragmatoide” reflejada en la planificación centrada en lo inmediato. En tiempos donde numerosas fuerzas han confluido para minimizar los programas de Filosofía y Humanidades en las universidades europeas, Lledó continuaba: “La desaparición de la enseñanza de la filosofía equivale a la muerte de la riqueza más grande de un país, que es la cultura, porque ahí reside su libertad”.

En Japón, por ejemplo, Shinzo Abe incentivó la reducción de carreras humanistas para atender mejor las tendencias de los mercados orientadas al empleo. De 60 universidades públicas japonesas, 26 anunciaron que eliminarían gradualmente esos estudios, y muchas otras los limitarían. Además de la preocupación por el mercado, Abe tenía un objetivo relacionado con los rankings mundiales: que varias universidades japonesas aparecieran entre las 100 mejores del mundo.

Años atrás, en el contexto de un notable crecimiento científico y tecnológico en el mundo, Einstein afirmaba que la insistencia exagerada en el sistema competitivo y en la especialización prematura, fundada en la utilidad inmediata, mataba el espíritu en que se asentaba toda la vida cultural. Einstein, un genio alemán tanto en competencia como en especialización, también tenía la capacidad de ver un horizonte más amplio y valorar la importancia de una realidad tan poco visible como fundamental: la cultura.

Como señala Alfonso Sánchez Tabernero —exrector de la Universidad de Navarra y a quien sigo en algunas reflexiones detrás de estas líneas— la superficialidad y la polarización son dos enfermedades endémicas del siglo XXI. En ese contexto, continúa Tabernero, triunfan las propuestas radicales y fracasan los planteamientos más equilibrados: los razonamientos lógicos son devorados por chismes, especulaciones gratuitas y fake news. En un mundo donde el emotivismo triunfa sobre la razón, la cultura y las humanidades pueden ser un buen antídoto. Martha Nussbaum decía: “La salud de la democracia requiere pensamiento crítico, comprensión de la historia del mundo y cultivo de nuestra capacidad imaginativa, y eso lo dan las humanidades”.

Si analizamos otros aspectos relacionados con la cultura, como el arte, el lenguaje, las tradiciones y el teatro, encontramos cimientos sociales que, aunque no siempre son notorios a corto plazo, pueden hacer la diferencia con el tiempo, influyendo incluso en la inmediatez de las decisiones futuras, ofreciendo un contexto para soluciones más sensatas.

Por todo lo anterior, un ministerio de Cultura debería tener mayor protagonismo en cualquier país, incluso en aquellos con altos niveles de pobreza e inseguridad. En este sexenio, junto con Educación y la nueva Secretaría de Ciencias, Humanidades y Tecnología, su buena gestión puede marcar una enorme diferencia, mientras que un mal liderazgo puede ser desastroso.

La cultura, la educación, la ciencia, las humanidades y la tecnología deben tener al menos el mismo nivel de prioridad que la economía, las relaciones internacionales y la seguridad. De no ser así, los pilares para fundamentar estrategias políticas y económicas a largo plazo serán aún más débiles.

Crear un ambiente propicio para la cultura despierta nuestros instintos más nobles, nos reconcilia con nuestra naturaleza humana y nos otorga perspectiva. Hablando de los temas de actualidad, puede incluso aportar cordura en ambientes exaltados. Para el futuro, generará cimientos para un edificio social mucho más sólido y facilitará un clima donde es más asequible tomar decisiones prácticas acertadas. Cuidar y fomentar la cultura, especialmente aquella centrada en la persona y alejada de ideologías o tendencias políticas del momento, es una importante decisión a corto y largo plazo.

Temas: