La crisis del materialismo

De la concepción materialista, tan propia de las últimas décadas, transitaremosa una nueva etapa, en la que acumular, consumir y vivir enfocados en lo material pasarán a formar parte de lo incorrecto en cualquier conversación.

The Economist publicó recientemente un documento titulado Hacia una nueva normalidad 2021–2030, en el que advierte sobre un positivo replanteamiento en el estilo de vida de las personas, relacionado, principalmente, con sus metas personales y su manera de ver la vida. Una de las conclusiones de este interesante análisis señala que en los siguientes años aspectos como la salud, el dinero, la espiritualidad y el trabajo se enfocarán de manera más equilibrada. De la concepción materialista tan propia de las últimas décadas transitaremos a una nueva etapa, en la que acumular, consumir y vivir enfocados en lo material pasarán a formar parte de lo incorrecto en cualquier conversación.

En el mismo sentido, en diciembre del año pasado, Wunderman Thompson presentó el reporte: Generation Z: Building a better normal, en el que se concluye que los jóvenes se están replanteando su modus vivendi pospandemia. Los resultados coinciden, en buena medida, con el documento de The Economist, marcando una tendencia hacia la revaloración de lo estrictamente humano. De la mano de estos documentos, son cada vez más numerosas las encuestas, entrevistas y sondeos que llegan a conclusiones similares.

Un dato que llama la atención refiere que, en relación con las expectativas laborales, el 74% de los jóvenes no está dispuesto a trabajar en compañías que no compartan sus valores. Aquel sueño de pertenecer a importantes empresas globales o emprender millonarios negocios parece acotarse a un mundo donde el fin no justifica los medios y el éxito económico es deseable únicamente si es compatible con las creencias personales. Los profesionistas jóvenes han despertado también este anhelo. Hoy en día es frecuente que empleados de las empresas pidan a los dueños y directores responder con congruencia a valores personales e institucionales más profundos. El llamado accountability ya no se restringe a la entrega de resultados propio de inicios de siglo, sino también al apego a principios de comportamiento personal y social. Las bases de una nueva cultura laboral se siguen fortaleciendo.

Más allá de los propios trabajos deseados actualmente, los estudios ofrecen, a la vez, información importante relacionada con la lógica actual de consumo juvenil. El 85% de los jóvenes está convencido de que las marcas tienen que significar algo más profundo que las utilidades, y el 77% quiere marcas que los comprendan. De hecho, la mayoría de ellos considera que su elección de una marca no es algo cosmético, sino una verdadera expresión de su propio yo.

En relación con sus perspectivas de vida, el 70% de los encuestados prefiere involucrarse en proyectos significativos que ganar mucho dinero, y el 65% se considera más “ahorrador” que “gastador”. El consumismo no resulta atractivo y la realización personal es claramente una prioridad. Lo material parece redimensionarse en una línea más equilibrada y humana, cuyo escalón en la lista de valores se ordena a otros más importantes.

Una de las afectaciones de la pandemia ha sido la restricción de la actividad social. Nuestro contacto personal se ha limitado a unas cuantas personas y se han multiplicado los encuentros digitales. Esta situación ha despertado en los jóvenes su apetito por el contacto verdaderamente humano, que reclama un trato personal y cercano. El 83% de ellos apuesta por una nueva manera de valorar la necesidad de las relaciones personales directas y cercanas.

Un último hallazgo a resaltar tiene que ver con sus esperanzas de cambiar el mundo de manera positiva. En ese sentido, tres de cada cuatro jóvenes piensan que es posible. Puede parecer un optimismo idealista propio de la juventud de cualquier época, sin embargo, su convicción de lo humano y el reordenamiento de la escala de valores proporcionan cimientos sobre los cuáles es factible creerse esta noble intención de construir un promisorio cambio cultural.

Tanto The Economist como Wunderman Thompson han basado sus estudios en realidades vinculadas especialmente al mundo anglosajón. Son sólo ejemplos en el universo de un conjunto más amplio de estudios que apuntan en direcciones similares. Más allá de crisis económicas, sociales o sanitarias, desde hace tiempo se advierte una crisis existencial en los países de primer mundo donde el materialismo y el relativismo han producido hartazgo. Resulta esperanzador que las generaciones jóvenes deseen un cambio cultural que implica un equilibrado enfoque del trabajo, prioridad de la ética, ordenamiento de lo material y revaloración de lo humano. Ojalá no existan fuerzas e intereses contrarios que los detengan.

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