Influencers
Si analizamos el perfil de quienes componen el top 10 de cada red social, tanto a nivel mundial como en nuestro país, encontramos cantantes, actores, modelos, blogueros, comediantes y futbolistas;gente que promueve cosméticos, productos de lujo o bailes
Actualmente los influencers tienen más incidencia en la gente de la que han tenido otros actores protagónicos de la sociedad en épocas pasadas. Como lo dice su nombre, poseen una influencia de carácter masivo que, además, por la naturaleza de las redes sociales, es inmediato y con alcances inimaginables en comparación con escenarios anteriores.
He aquí algunos ejemplos para dar una idea de la magnitud del alcance. En TikTok, Charli D’Amelio tiene 107 millones de seguidores, Addison Rae 75 y Zach King 55. En Instagram, a Huda Kattan la siguen 48 millones de perfiles; a Lele Pons, 43 y a Nusret Göck, 33. En el caso de celebridades, consideradas megainfluencers, el arrastre es aún mayor: Cristiano Ronaldo con 286 millones de seguidores; Ariana Grande con 234 y Kim Kardashian con 221, todos en Instagram.
Si analizamos el perfil de quienes componen el top 10 de cada red social, tanto a nivel mundial como en nuestro país, encontramos cantantes, actores, modelos, blogueros, comediantes y futbolistas; gente que promueve cosméticos, productos de lujo o bailes; personajes normalmente carismáticos o físicamente atractivos. Incluso en Twitter, una red social más orientada a la transmisión de ideas, destacan personajes como Justin Bieber, Katy Perry, Rihanna y Taylor Swift.
Líderes espirituales, científicos, filosóficos o literarios, que antes tenían los mayores radios de influencia social, son relegados a roles más bien secundarios en la esfera digital. En Twitter, el papa Francisco y el Dalai Lama tienen 18.7 y 19.3 millones de seguidores, respectivamente. Paulo Coelho cuenta con 2.2 millones de followers en Instagram; el sociólogo Malcolm Gladwell, con 708 mil seguidores; el Nobel de economía Daniel Kahneman con 74 mil o el sicólogo cognitivo asesor de presidentes Steven Pinker con 709 mil. Si bien estos líderes sociales no tienen un número reducido de personas que los siguen, sus cifras son significativamente menores que cualquier macroinfluencer.
El debate sobre el impacto de los influencers en el mundo actual es amplio, como lo señalan recientes artículos de Social Media y Forbes. En aspectos positivos que se resaltan sobre el hecho de seguirlos, sobresale la posibilidad de mantenernos al pendiente de lo que sucede en el mundo, conocer más de determinada materia e interactuar con los protagonistas de agendas de alcance mundial. Empero, los puntos que se suelen criticar son que generalmente hablan de temas más bien superficiales e increíblemente autorreferenciales.
Más allá de los puntos a favor o en contra, es un hecho que son modelos aspiracionales para millones de personas, especialmente para los jóvenes. Indiscutiblemente, tienen la capacidad de marcar tendencias, fijar modas y orientar comportamientos. Su poder, en ese sentido, es mayor que el de muchos científicos, escritores, intelectuales y políticos contemporáneos.
Si los principales influencers del mundo se concentraran en lograr una mayor conciencia social en sus followers, lograrían una positiva transformación mundial. Sin embargo, quizá es precisamente su enfoque en ciertas actitudes críticas o sentido del humor lo que les mantiene con alta popularidad.
Así como algunos grandes personajes históricos tuvieron en su momento poco impacto, pero a largo plazo enorme relevancia (como Van Gogh o Tesla), quizá los influencers estarán condenados justamente al proceso inverso: notable fama presente, pero total olvido futuro.
En ese sentido, existe un punto medio que nos llevaría a un “ganar-ganar”: invitar a los influencers a generar compromisos adicionales a sus agendas particulares en la construcción de un mundo mejor. Nos urgen líderes carismáticos que tiren en esa dirección; que promuevan paz, fraternidad, solidaridad, amistad, generosidad y otros valores, no como un altruismo superficial, sino como un modo de vida. Eso llevaría a una verdadera transformación cultural en plena era digital y su reputación prevalecería al paso de los siglos.
