¿Hacer lo que te apasiona o apasionarte con lo que haces?

En la cultura actual, sobre todo en la literatura, el cine y las conferencias motivacionales, se repite una idea: “persigue tus sueños y los alcanzarás”. Según esa narrativa, hay que encontrar algo que nos apasione y poner todos los medios para lograrlo. El premio es un futuro feliz, trabajando en lo que siempre soñamos y, por si fuera poco, con éxito.

Sin embargo, y se nota en muchos estudiantes universitarios, no es fácil tener el propósito de vida tan claro a esa edad. Los jóvenes de 18 a 23 años tienen dudas, no terminan de ver su futuro y no saben con precisión qué tipo de empresa, proyecto u organización les apasiona. Son pocos los que se proyectan con claridad a largo plazo.

Los datos de satisfacción laboral también invitan a pensar. Según las encuestas de Gallup de 2026, en el mundo sólo 20% de quienes trabajan está altamente comprometido y entusiasmado con su trabajo; 62% se ubica en un punto medio y 18% está insatisfecho. En México, la mitad de las personas no se dedica a la carrera que estudió. Hay vocaciones marcadas desde el principio, como la medicina, la odontología o el derecho, pero muchos universitarios terminan haciendo algo muy distinto de lo que inicialmente pensaron.

Hace poco leí a Cal Newport. Para él, la filosofía de tener un gran sueño y luego ejecutarlo muchas veces no se cumple y, con frecuencia, empeora las cosas: “haz lo que te apasiona” puede traer desorientación y frustración. Propone, en cambio, el método “del artesano”: entender lo bueno que tienen los trabajos que vamos teniendo, hacerlos muy bien y crecer en aptitudes. Con el tiempo, a menudo nace una pasión verdadera por lo que uno hace.

Amy Wrzesniewski, experta en psicología organizacional, entrevistó a empleados de oficios muy distintos y exploró qué influía en que disfrutaran o no su trabajo. Según su investigación, los más felices y apasionados no fueron quienes persiguieron un sueño hasta convertirlo en empleo, sino quienes llegaron a ser muy competentes en lo que hacían.

Si revisamos la vida de empresarios, directivos y líderes, veremos que quizá tuvieron una idea original interesante, pero que fueron aprovechando las oportunidades que se les abrían, descubriendo horizontes y abriendo caminos. Al final hicieron algo bastante distinto de lo planeado, aunque con mucha pasión. Un amor al trabajo que fue surgiendo mientras lo ejecutaban, no antes.

Encontrar lo que nos apasiona parece, entonces, un camino dinámico. Y hay círculos virtuosos. Quien se esfuerza por hacer bien una actividad se vuelve experto con el tiempo, le toma gusto y aprende a hacerla con creatividad. No sólo es bueno en ello, también lo disfruta; y, al disfrutarlo, mejora aún más.

Trabajar bien importa más que encontrar el trabajo ideal, sostiene Newport. Dicho en lenguaje cotidiano, no se trata tanto de trabajar en lo que amamos como de amar aquello en lo que trabajamos. La cultura actual insiste en la primera idea, que muchas veces es utópica y genera frustración. La segunda, más realista, parece dar más garantías de éxito y de satisfacción, según sostiene este autor.

Me parece que, como en muchas cosas de la vida, hay que entender los puntos medios. Es importante que haya jóvenes con sueños tempranos y que luchen por ellos; nos ilusiona que lleguen a buen puerto y los hagan personas felices y exitosas. Pero también hay que ayudarlos a desarrollar tolerancia a la frustración y pensamiento flexible, para que se adapten a los cambios y sepan aprovechar las oportunidades que no planearon.

Del mismo modo, hay que enseñarles a hacer cosas que no les gustan, porque así es la vida y de ellas sacarán fortaleza y aprendizaje. Mostrarles que, con los medios adecuados, es posible ir enamorándose de tareas arduas o menos espectaculares que, hechas con dedicación, dan excelentes resultados y también ilusionan.

Dedícate a lo que te apasiona o apasiónate con lo que haces. Ambas fórmulas son engañosas y, a la vez, posibles. El arte del educador está en acompañar a cada persona, sea cual sea el extremo en que se encuentre, para que navegue los muchos grises que hay en medio. En ayudarle a ver cuándo lo que sueña nunca será realidad, o cuándo lo que hace ya le está haciendo daño y hay que renunciar. Y a descubrir que el ser humano es un conjunto imperfecto de pasiones, gustos, frustraciones y desencantos que, bien entendidos y orientados, casi siempre pueden tener un final feliz.

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