En defensa del tono humano

Nuestros actos no se reducen a dimensiones físicas, biológicas, sicológicas o materiales,sino que también son medios para convertirnos en mejores personas y construir entornosmás humanos.

El ser humano se diferencia de animales, vegetales o materiales, por sus facultades intelectuales y volitivas. Las personas tenemos la capacidad de razonar, abstraer y decidir libremente; todas ellas actividades estrictamente humanas. Al mismo tiempo, cualquier acción biológica, material o técnica, tiene la posibilidad de ir acompañada por las operaciones eminentemente humanas y, por tanto, es susceptible de aspirar a una dimensión superior. Todo nuestro actuar puede humanizarse y, de este modo, somos capaces de otorgar un sentido más amplio a nuestra conducta individual y al entorno social.

Cuando un ser humano come, no sólo lleva a cabo una actividad de carácter biológico, sino que puede también enriquecerse en una dimensión humana integral. Por eso, habitualmente utilizamos cubiertos y un sitio para comer; no lo hacemos de un modo animal, sino que humanizamos la actividad dándole un realce especial, acompañándolo de una conversación, disfrutando pausadamente de los alimentos, distinguiendo sabores, etcétera.

Al vestir no únicamente disfrazamos nuestro cuerpo, sino que mostramos nuestro modo de ser, transmitimos un determinado mensaje, expresamos una personalidad, damos a conocer un concepto de nosotros mismos y manifestamos una forma de ver la vida.

De igual modo, al hablar no sólo buscamos entendernos, sino que expresamos ideas, transmitimos sentimientos o manifestamos cariño.

Con el lenguaje somos capaces de aquietar una situación, transmitir paz o inspirar a otras personas. También podemos conseguir lo contrario: hacer enojar, inquietar, enemistar o generar miedo.

El lenguaje, por tanto, tiene significados que van más allá de las palabras. No es casualidad que muchos líderes históricos, para bien o mal, hayan usado el lenguaje como una de las vías para conquistar una sociedad desde el punto de vista cultural.

La capacidad de elevar nuestras acciones a dimensiones más altas es, precisamente, una de las definiciones de educación. El tono humano, por tanto, no es sólo cuestión de protocolos, manuales estéticos o prácticas acartonadas; es, en el fondo, una manera de humanizar y transmitir un estilo de vida a la altura de nuestras aspiraciones.

El ser humano es un ser relacional. Se entiende no únicamente en un aspecto individual o cerrado, sino también abierto a perfeccionarse y enriquecer a otras personas. Cualquier actividad social posee, por tanto, una dimensión humana en el sentido amplio de la palabra. El trabajo, el estudio, el deporte, el descanso, etc., pueden mejorarnos o empeorarnos como personas y como sociedad.

El mundo actual, tan civilizado en varios aspectos, puede ser, a la vez, agresivo o maleducado, como lo constatamos con frecuencia en el ámbito político, en lo laboral, en los medios de comunicación y en las redes sociales.

Hay numerosas maneras de establecer un tono humano alto en nuestro entorno y de este modo aspirar a sociedades más elevadas.

Por ejemplo, si tenemos que decir que no, evitar el método más antipático para hacerlo. Al escuchar a quien expresa un punto de vista distinto al nuestro, diferir de modo respetuoso y abierto: estar convencidos de algo no significa que necesariamente tenemos la razón. Podemos también reconocer los méritos de otras personas, felicitar sin adular, corregir con cariño o escuchar retroalimentación con apertura y humildad. De igual modo, convendría reconocer nuestros errores sin echar culpas y evitar generalizaciones injustas.

Cualquier actividad humana —personal, social, familiar, laboral, escolar, etc.— puede elevar nuestro espíritu, llenarnos de sentido y ampliar nuestros horizontes.

Nuestros actos no se reducen a dimensiones físicas, biológicas, sicológicas o materiales, sino que también son medios para convertirnos en mejores personas y construir entornos más humanos.

Esos pequeños detalles en el tono humano hacen una gran diferencia en un contexto social que aspira a metas altas y nobles.

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