El arte de cultivar el sentido
Roy Baumeister, sociólogo de Florida State University, estudió con John Tierney el significado de las cosas. Para ellos, “dar sentido” es un aspecto único y privilegiado entre los humanos.
Según Carl Jung, unas pocas cosas con significado valdrían más en la vida que muchas sin significado. Este conocido siquiatra advirtió con agudeza lo que décadas después experimentan las sociedades contemporáneas, especialmente sus grupos poblacionales más jóvenes. Sicólogos, pedagogos, sociólogos, médicos y tantas otras áreas del conocimiento se han preguntado por esta situación: ¿qué significa estar contento? ¿Por qué no encontramos sentido? ¿Qué correlación existe entre una y otra?
Antes de profundizar en la crisis de sentido actual, conviene detenerse brevemente en la distinción entre “sentirse contento”, “ser feliz” y “tener sentido”. El primero se relaciona con las sensaciones que nos llevan a tener momentos gratos en el presente. La felicidad, en cambio, implica aspectos más profundos del entramado humano –que además desbordan el propósito de este artículo. Por otro lado, “el sentido” tiene que ver con el significado que damos a lo que experimentamos, es decir, se trata del marco desde el que enfocamos la realidad y la dirección que le damos a todo lo que nos sucede.
Las siguientes estadísticas dejan clara la distinción apuntada. Según encuestas de Gallup hace unos años, seis de cada 10 americanos se sienten contentos; sin demasiado estrés ni preocupaciones. Las cifras parecerían darnos una buena noticia respecto al ánimo de los pobladores de este continente. Sin embargo, según uno de los Centers for Disease Control, 4 de cada 10 americanos no han descubierto un propósito satisfactorio para sus vidas. Esta falta de sentido, más vinculada con la felicidad que con estar contento, parecería distinta a lo señalado por Gallup, establecer un semáforo anímico en amarillo. ¿Se equivocan las cifras? ¿O será que podemos estar contentos aunque no encontremos sentido a nuestras vidas? ¿Será suficiente con estar contentos?
Emily Esfahani Smith, filósofa, sicóloga y escritora, escribió un artículo intitulado “There’s more to life than being happy”. Me parece que el texto arroja pistas interesantes. Según esta investigación, la felicidad entendida como “sentirse bien” no es tan importante como encontrar sentido a nuestras vidas. Significado es encontrar algo más grande que nosotros mismos, tener un horizonte claro y positivo, una dirección, un marco más amplio con base en el cual podemos dar perspectiva a los acontecimientos. A la larga, las personas que saben encontrar sentido, terminan siendo más felices que los que únicamente saben estar contentos.
En esa línea, Roy Baumeister, sociólogo de Florida State University, estudió junto con John Tierney el significado de las cosas. Para ellos, “dar sentido” es un aspecto único y privilegiado entre los humanos, una de las características que nos hace distintos de los animales. Los humanos cuidamos de otros y contribuimos a otros; eso hace que nuestras vidas tengan sentido, aunque no siempre encontremos felicidad inmediata.
Estar únicamente contentos pero sin significado puede ser superficial y, por tanto, poco estable. Autores como Steve Cole –médico y genetista de UCLA– y Bárbara Fredrickson –sicóloga– descubrieron que la gente “feliz” pero sin sentido, tiene los mismos patrones biológicos y afectaciones genéticas que la gente que enfrenta adversidad crónica. Es decir, sus cuerpos se preparan para amenazas de bacterias con una respuesta inflamatoria que resulta adversa al bienestar. La falta de sentido tiene también afectaciones en el cuerpo.
Martin Seligman define la “vida con significado” como la capacidad de usar nuestros talentos para pertenecer y servir a algo en lo que creemos y que es más grande que nosotros mismos. El sentido de las cosas sería, por tanto, una realidad menos voluble y más permanente, independiente de un estado de ánimo o situación favorable o desfavorable. El significado es capaz de conectar el presente con el futuro, consiguiendo, por tanto, mayor estabilidad para “estar contentos” en el corto plazo; capacidad de sobreponerse a las adversidades, aunque nos resulten desagradables y mayores posibilidades de que nuestros estados de ánimo sean estables y tendientes a la felicidad en el largo plazo. Los eventos negativos pueden bajar nuestros sentimientos positivos, pero aumentan el significado que tiene nuestra vida, dando mayor entrada, a largo plazo, a una felicidad más sólida.
Vivir con propósito parecería ser una estrategia rentable. Biológicamente, por sus efectos en nuestras células. Sicológicamente, por su propensión a aumentar las percepciones positivas y minimizar las negativas. Filosóficamente, debido a que parecería mejor vivir con propósito que sin ello. Pedagógicamente, debido a que es momento de ayudar a encontrar sentido para las vidas de tantos jóvenes, más aún en medio de la revolución digital y de la crisis pandémica. Quizá tenga razón Emily Smith al decir que cultivar la vida con sentido es un arte y que el significado es más saludable que la misma felicidad. Habrá que seguir profundizando sobre cómo conectar todos los puntos, intentando sumar lo más posible: disfrutar de las cosas, dotar la realidad de sentido e intentar aproximarse a una felicidad duradera compatible con las contrariedades.
