Círculos virtuosos

Hay muchas manifestaciones de rechazo a la violencia, de solidaridad y unión frente al conflicto

El escritor Ferdinando Camon, al analizar La náusea de Sartre, El extranjero de Camus y Los indiferentes de Moravia, se preguntaba cuál de las tres obras nos representaba más como sociedad. La náusea es un rechazo del mundo; sentirse extranjero es una escisión social y el desinterés, la apatía, acarrea indolencia, impasibilidad. Grisácea pintura. Resultan muy interesantes las reflexiones de Camon, quien concluye que lo peor es la indiferencia, una especie de abulia moral que representa una desensibilización extrema.

Desde este contexto, y frente a la reciente explosión de violencia en territorio israelí, las referidas obras existencialistas emergen dramáticamente actuales. Una suerte de argamasa conformada por las tres obras literarias parecería ser el soporte explicativo del statu quo de nuestra civilización. Si, además, sumamos la violencia registrada en países como el nuestro, donde el último año contó casi 170 mil asesinatos dolosos, el caldo de cultivo se emponzoña.

Sin embargo, la esperanza no sucumbe. Y es que, como dice Serrat, “todo infortunio esconde alguna ventaja”. Dentro de las muchas tristezas derivadas de los conflictos bélicos, como el que ahora atestiguamos con pena en Oriente Medio, resalta quizá que la indiferencia —que parecería retratar el ánimo contemporáneo— se apaga para ver florecer numerosas manifestaciones de rechazo a la violencia, de solidaridad y unión frente al conflicto.

Precisamente en la línea de la fraternidad, el Journal of Happiness publicó un estudio realizado a 70 mil ingleses, en el que se muestra la mayor satisfacción con la vida, incluso el mejor estado de salud, que experimentan las personas que hacen trabajo de voluntariado. Otros estudios, realizados en Harvard, señalan que las personas más felices y longevas son aquellas que han logrado generar lazos afectivos más sólidos, especialmente con una pareja estable.

A estas investigaciones las complementa el estudio de Bienestar Autorreportado del Inegi, que enumera entre los principales motivos de satisfacción la vida familiar y las relaciones personales. El sentido común y la experiencia también nos narran historias de vidas logradas en las que, entre sus principales componentes, las personas apuntan los lazos estrechos con su familia, amigos y la comunidad en general.

Regresando a la línea del voluntariado, los aprendizajes de países tan variados como Finlandia, Reino Unido, Israel, Bután o Dinamarca dan cuenta que estas actividades llenan de propósito la vida de muchas personas y generan un ambiente comunitario y social mucho más agradable, que estrecha la cohesión social. Se trata sencillamente de la generación de círculos virtuosos basados en la confianza y en la capacidad de dar a los demás.

En estos tiempos, en los que han cobrado protagonismo las emociones desbordadas y las redes sociales –con todo y sus anónimos que gustan de encender pasiones–, generar círculos viciosos es muy sencillo. Basta un acontecimiento, un cerillo, una mecha, y la confrontación explota. Eso es lo fácil. El reto reside en la capacidad de superar los egoísmos y encontrarnos, incluso en las diferencias.

La experiencia con personas de muy diversos modos de pensar me ha dejado claro que dos buenas y dispuestas voluntades son un alto porcentaje del éxito para construir un círculo virtuoso. Después, acciones repetidas, de un lado y del otro, en la línea de sumar o de ganar-ganar. Panorama nunca exento de dificultades y desencuentros, todos solucionables si la buena voluntad persiste. Y al final se generan comunidades solidarias, proyectos generosos, soluciones viables. No es utopía, como lo demuestran los ejemplos referidos.

El respeto y la cortesía siempre son mejores armas que el insulto, la difamación, la intimidación o la agresión. Entiendo que en ciertas sociedades los problemas son antiguos y sumamente complejos. Pero nunca está de más intentar nuevos caminos. Es más, la innovación y creatividad, competencias tan valoradas en el mundo actual, tienen un reto interesante de aplicación, mucho más que para establecer un unicornio para conseguir la paz y armonía social. Ojalá encontremos nuevos líderes sociales que nos ayuden, no necesariamente a escribir, sino a vivir, nuevas versiones alternativas a Moravia, Sartre y Camus, con menos indiferencia, sin vómito social y con círculos virtuosos que propicien armonía social.

En pequeñas o grandes comunidades, en las instituciones, incluso en posiciones políticas, es viable generar círculos virtuosos que procuren el ganar ganar o al menos eviten el perder perder. Son caminos que requieren mucho autodominio, renuncia al ego y buena voluntad. Para conseguirlo, resulta esencial salir de nosotros mismos, arriesgarse a conocer realidades distintas, construir el diálogo, valga la misma etimología de la palabra, a través de la razón pero también de la empatía y la compasión.

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