Noticias motivadoras de las empresas familiares

Salo Grabinsky

Salo Grabinsky

Del verbo emprender

A veces la situación global y en nuestro entorno nos nubla y tenemos una actitud entendible; de ver todo el panorama a nuestro alrededor con pesimismo, apatía e incluso actuar defensivamente y manejar escenarios riesgosos con mucho cuidado. No lo juzgo porque desgraciadamente hay muchas nubes en el panorama.  

Sin embargo, me resisto a tener esta actitud y buscando en el pasado y en algunas noticias en las redes encontré un par de ejemplos muy emocionantes de lo que mueve a muchas empresas familiares a seguir adelante (o no), pero dejando huella y mucha gente agradecida. Les platico:

A.- En el noreste de Estados Unidos una empresa familiar textil sufrió un grave accidente. La fábrica principal se incendió y dejó una gran devastación en la comunidad donde era la principal fuente de empleo, con cientos de trabajadores que quedaron sin ingresos. 

La empresa estaba asegurada y el trámite muy complejo iba a durar varios años antes de poder tener recursos para reconstruir el edificio, en tanto, la gente quedaba desamparada.

El dueño y su familia actuaron de inmediato. Citaron a todos sus empleados a una reunión inmediatamente después del incendio y les dijeron: “Tenemos varias décadas desde que nuestra empresa y nosotros estamos en este pueblo y además de ser un negocio próspero, hemos cultivado una gran amistad y cariño con muchos de ustedes. Ahora que ocurrió esta tragedia no los vamos a dejar solos y he solicitado a mis ejecutivos que, de inmediato, se sigan pagando normalmente todos los sueldos y salarios al personal, mientras podamos pagarlo nosotros o incluso de nuestro patrimonio personal. No los vamos a abandonar”.

Así lo hizo el emprendedor ante el profundo cariño que le tenían. Unos años después se reconstruyó la fábrica y de nuevo fue contratado todo el personal.

B.- En un reciente artículo, en el estado de Luisiana (uno de los más pobres de la Unión Americana), otra pequeña empresa familiar fundada en los años 80 y que aprovechó la coyuntura de las nuevas tecnologías de manejo masivo de datos y que cambió su giro original, de hacer torres eléctricas y de telecomunicaciones para fundar empresas colectoras de datos y, años después fue creciendo y al ser notada por las grandes compañías tecnológicas, recientemente le hicieron una oferta de miles de millones de dólares a la familia dueña, misma que fue irresistible y la vendieron. Pero, hubo entonces un detalle muy especial. La familia, agradecida con su gente, tomó la siguiente decisión: a cada empleado le iba a tocar un premio por su trabajo y lealtad por un monto total equivalente a 15 por ciento de todo lo que la familia recibió o, sea varios cientos de millones de dólares, divididos entre unas 400 personas. ¿Nada mal?

Sólo les pidieron dos cosas: a los mayores de 65 años de edad y ya jubilados les entregaban este bono de lealtad, mientras que a los que aún trabajaban, les pidieron esperar y seguir laborando por cinco años máximo, para recibir esta compensación. Dudo mucho que alguien se haya negado. 

Las empresas familiares son organismos vivos, con alma y sensibilidad porque implican dinámicas diferentes, actitudes entre paternalistas e incluso arbitrarias hasta muy cercanas a su gente que las rodea. La familia dueña vive con esa gente y lo sabe. Por eso me fascina la dinámica familiar y encontrar estos ejemplos. No todo está mal en este mundo. 

Por cierto, tiempo después la primera de las empresas cerró y fue trasladada al sur del país por diversas razones.

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