Ejecutivos contra patriarcas. Fin de serie

Salo Grabinsky

Salo Grabinsky

Del verbo emprender

Continúo narrando esta tragicomedia: 

Estábamos en que hubo una fiesta promovida por el director general de A y su gerente de relaciones públicas.

Al llegar el patriarca a la fiesta y ser informado de que saliera rápidamente para no causar problemas, éste se declaró ofendido y se regresó al negocio familiar, pero después llamó a los periodistas para enseñarles la grabación y acusar a su “amigo” el director y a su gerente de relaciones de todo lo malo posible.

Este pleito de azotea sería bastante risible sino hubiera de por medio tres asuntos a analizar:

a.- Existe la necesidad urgente de una modernización de la organización B dejando entrar a nuevos y jóvenes funcionarios, y oyendo a todos los accionistas dejándolos votar libremente y hacer otras cosas para beneficio de la institución ya que esa empresa familiar es muy rígida y va rápidamente  a la quiebra. 

Nota: Ya el patriarca se retiró y falleció, su hermano ya no está al mando, pero tiene el poder y el nuevo funcionario –sucesor designado por él– ha sido muy rígido y no permite hacer los cambios indispensables. Van derecho a la bancarrota con sus terribles consecuencias.

b.- El cariño mutuo que se tienen los accionistas de ambos organismos y que por estas broncas pudieran  llegar a dejar de tener esa amistad es un problema potencial. Hay muchas relaciones sanas entre ellos y hasta para pelearse debe haber reglas claras, ya que son vecinos y no les conviene esto a ninguno. Lo más importante es que, entre amigos, se pueden decir respetuosamente sus verdades sin que eso signifique que se están metiendo en donde no les importa. Este malentendido ya se subsanó, pero el nuevo director de A ya no tiene las posibilidades ni recursos para auxiliar a B y la situación es crítica para esta institución.

c.- En ambos organismos hay tantas cosas más urgentes e importantes que hacer que no se deben distraer las cabezas o directores en estas tonterías. 

Creo firmemente en poner reglas claras y muy precisas, además de límites en las relaciones entre las diferentes instituciones, tomando en cuenta tanto los deseos de ambas partes como las limitaciones que tiene cada una en su interior, para que no se sobreestime su capacidad de apoyo. 

A veces hay que aclarar estas dudas, fijar políticas y objetivos razonables y logrables. En épocas de crisis se requiere voluntad y liderazgo en ambas partes para salir airosos.   

Aprendan a aceptar graciosamente las diferencias y consejos mutuos.     

Así que, como asesor de este tipo de negocios familiares, les sugiero que se sienten las dos partes a dialogar y lo hagan sobre todo por sus respectivos accionistas. El nuevo director de A también debe buscar formas más eficaces para dirigir y convencer a sus consejeros que lo hace bien, y éstos deben ayudarlo, La verdad es que lo que cuenta en ambos casos son los resultados y la satisfacción de sus accionistas, lo cual está muy lejos todavía. ¡Hay mucho por hacer!

He visto casos en los que la tozudez del patriarca y de sus seguidores incondicionales provocan un coágulo en la organización, del tipo que sea, y el resultado es un infarto masivo cuyas consecuencias son nefastas. 

Les recuerdo que las empresas y organismos públicos tienen que privilegiar la continuidad de sus instituciones, con reglas y estructuras claras.

Cualquier parecido de este caso con otro tipo de eventos que nos pueden tener muy entretenidos es pura coincidencia.

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