¿Tiro en el 2024?

Para que haya “tiro” en el 2024, es indispensable la alianza opositora.

Son muchas las lecciones que se desprenden del proceso electoral del 5 de junio. Mencionamos algunas: 1) El impecable trabajo del INE y los órganos locales electorales de cada uno de los Estados involucrados. 2) Fue un proceso sin actos violentos como en otras elecciones. 3) Resalta el triunfo de dos mujeres más: Teresa Jiménez, en Aguascalientes, y Mara Lezama, en Quintana Roo. Con esto, suman nueve gobernadoras de 32, eso es significativo para la lucha por la igualdad política de las mujeres.

Pero, a pesar de estos puntos positivos, existe la parte negativa: 1) La poca afluencia de ciudadanos que participaron. La más alta participación fue cerca de 50%, pero en general, fue menor, incluso en Oaxaca fue de 38 por ciento. 2) La tendencia de pérdida de registro estatal de algunos partidos y la concentración hegemónica de Morena. No sólo el PRD pierde el registro en cuatro de los seis estados que tuvieron elecciones (Durango, Hidalgo, Tamaulipas y Quintana Roo), sino también, los aliados del partido en el gobierno: el Partido Verde (Aguascalientes, Durango, Hidalgo y Oaxaca) y el Partido del Trabajo (Aguascalientes e Hidalgo).

En ese contexto, para que haya “tiro” en el 2024, es indispensable la alianza opositora. Así lo demuestran los resultados del domingo pasado. Se ganaron dos de las cuatro gubernaturas en donde fueron aliados el PAN, PRD y PRI: Durango y Aguascalientes. Si no hubieran ido juntos, tal vez, hubiera sido peor el resultado.

Pero, no basta que sólo sigan aliados los opositores para que haya “tiro”, es muy claro que tienen que transformarse y hacer algo diferente a lo que están haciendo. No sólo por los resultados electorales desde el 2018 a la fecha, que han dado como fruto que Morena sume 20 gubernaturas y, que tenga mayoría absoluta en 17 Congresos locales, sino porque las crisis deben servir para innovarse, pero, sobre todo, porque estamos viviendo una forma diferente de ejercer el poder político por parte de la élite gobernante. Una forma concentradora de poder en donde la elección no es para competir, sino para aniquilar a los opositores y para imponer una sola visión política.

Ya vimos que para lograr esto, los líderes del movimiento populista de Morena no sólo transgreden la ley, sino el movimiento ha sumado a sus filas a todos aquellos actores de otros partidos, que, sin tener lealtad partidaria, han sido seducidos por la búsqueda del poder político.

Los partidos más afectados con estas acciones han sido el PRI y el PRD. Las mismas estructuras que conformaban estos dos partidos son las que ahora alimentan a Morena. Este fenómeno se produce, por una parte, por la popularidad del presidente Andrés Manuel López Obrador, pero por otra, por errores de los propios partidos. Uno de éstos es el divorcio que existe entre las élites nacionales y la militancia local por la reproducción de relaciones verticales y autoritarias. En el caso del PRD, no sólo se tomaron decisiones centralizadas respecto a quienes encabezaron las candidaturas sin respetar el trabajo territorial (lo hacen la mayoría de partidos), sino el partido se hizo dependiente de liderazgos autocráticos, por ejemplo, la del propio Presidente de la República cuando era perredista.

En consecuencia, se abandonaron las agendas de las causas ciudadanas, se dejó en segundo término la formación política y el trabajo territorial perdió importancia. Con la idea de ganar elecciones, se aceptaron actores que eran rentables electoralmente, pero confrontaban el trabajo de los militantes y, en muchas ocasiones, cuando ganaron los espacios, actuaron para sus intereses personales. Hoy, algunos de esos mismos personajes son parte de la élite morenista.

Con el PRI las cosas son diferentes, algunos actores han sido seducidos, pero otros han tenido que rendirse. Para lograrlo, los han grabado ilegalmente o les han continuado los procesos judiciales por actos de corrupción (por ejemplo, los de algunos exgobernadores del PRI que se iniciaron en el sexenio pasado).

En ese contexto, surge la duda: ¿Los aliancistas lograrán remontar su situación a tiempo para que haya tiro en el 2024?

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