- A quienes más golpea la iniciativa es a las microempresas, que son la base de la economía nacional.
Morena hizo fiesta ayer por la aprobación de la iniciativa presidencial que instaura las jornadas laborales de 40 horas, pero la realidad es que en los congresos locales que avalaron la minuta de San Lázaro —entre ellos el de la Ciudad de México— no vieron las letras chiquitas.
Los legisladores de la capital estuvieron acuartelados desde el martes, en espera de que sus hermanos mayores de la Cámara de Diputados aprobaran la ley, para ser de los primeros en avalar las nuevas condiciones laborales, faltaba más.
Y hoy, en su sesión permanente, rindieron culto a la Presidenta por ello, pero la verdad les dieron atole con el dedo y ellos a su vez a los ciudadanos, que no verán ningún beneficio antes de cuatro años.
Hay que ir por partes, como dijera Jack, El Destripador, pues si bien es cierto que se impondrá un tope de ocho horas por jornada laboral, eso será a partir de 2030, cuando al frente del país esté ya otra persona, a quien le tocará enfrentar la bronca.
¿Y por qué tendrá que enfrentar una bronca? Pues por lo costos políticos y económicos que traerá esa medida en el país.
Para empezar, no sólo los grandes empresarios, sino también los pequeños o medianos negocios —como los restaurantes, por ejemplo—, tendrán que contratar más personal o, en su defecto, pagar el doble por cada hora extra de trabajo de sus empleados.
La iniciativa aprobada autoriza a aumentar de nueve a 12 las horas extras a la semana por trabajador, y ese costo no lo van a querer absorber los negocios. ¿Adivinen quién pagara los platos rotos? ¡Exacto, los ciudadanos!
El gobierno presume que beneficiará a los trabajadores para que tengan tiempo de calidad con sus familias o para el relajamiento propio, pero no les autorizó el descanso de dos días a la semana, como lo pedían muchos; la propuesta presidencial no tocó el tema.
Pero hay algo más en la farsa aprobada, y es que los datos oficiales señalan que 55% de la población está en la informalidad —que, por cierto, cada día aumenta—, por lo que más de la mitad de los trabajadores del país no verán ningún beneficio.
A quienes más golpea la iniciativa es a las microempresas, que son la base de la economía nacional, así que no hay por qué hacer fiesta, pues buena parte de los aumentos al salario mínimo, por ejemplo, se tendrán que gastar para financiar las 40 horas de la 4T.
Es una medida populista, que no está fundamentada en un verdadero plan económico para crear empleos formales; es para darle a los trabajadores atole con el dedo y ganar sus simpatías electorales.
Si Morena en verdad quiere ayudar al poder adquisitivo de la base trabajadora, por qué mantiene congelada la propuesta de la oposición para eliminar el cobro de impuestos al aguinaldo. Eso sí beneficiaría a los trabajadores, pero Hacienda no daría ni un paso atrás, ¿verdad?
Ni hay 40 horas laborales tras esta aprobación ni beneficio fiscal alguno para las empresas pequeñas; ¡es una farsa!
- CENTAVITOS
El que anda desatado abriéndose frentes por todos lados es el alcalde de Álvaro Obregón, Javier López Casarín, que lo mismo agarra de rivales a diputados de oposición, que a los de su propio partido para lanzarles alguna dentellada. Parece que el alcalde es el único que —como todos dicen— cada vez está más solo y aislado en la 4T. Y no sólo porque hasta Marcelo Ebrard lo desconoció, sino porque no se ve quién quiera sostenerlo para 2027; no sólo en el PAN, sino incluso dentro de Morena, más de uno se frota las manos con miras al año que se avecina.
