Rectoría: lo que se ve sí se juzga
Se impulsa la presencia de las mujeres en la UNAM.
“Lo que se ve no se juzga” es un refrán que hace alusión a que las evidencias hablan por sí mismas, pero esto no tiene la misma obviedad cuando se compite por algún espacio de poder. Los éxitos de quien compite se minimizan y sus errores se magnifican. Esto pasa no sólo en la competencia electoral, sino también en la búsqueda de otros espacios de dirección, por ejemplo, el de la rectoría de la UNAM.
El proceso para seleccionar a la o el rector inició cuando su Junta de Gobierno publicó la convocatoria: 21 de agosto. Cumplieron con los requisitos de registro 17 personas. A partir de entonces, diferentes grupos de docentes, alumnos y trabajadores, se han dado cita ante las comisiones de los miembros de la Junta para exponer las virtudes que le abonan a su candidato o candidata.
Por experiencia, sé que los minutos para exponer en la Junta son pocos para cada grupo, pero lo que no se puede expresar en ese momento, se puede hacer mediante el correo electrónico. No tengo el dato de cuántos grupos han asistido, pero considero que, con este formato, tiene ventaja el doctor Raúl Contreras, no sólo porque la comunidad de la Facultad de Derecho es la más numerosa, sino por las acciones que ha realizado durante sus dos administraciones como director.
Después de más de tres décadas de docente, el doctor Raúl Contreras logró ser elegido como director para el periodo 2016-2020. Posteriormente, fue reelecto en 2020 para el segundo periodo, que todavía no concluye. En este último periodo es cuando más se han notado los efectos de los cambios que ha realizado en la facultad. En el ámbito académico, algunas acciones consistieron en modificar los planes de estudio para incluir en todas las materias la enseñanza de la cultura de la legalidad; la de igualdad de género y la no violencia contra las mujeres. Además, se ampliaron los contenidos relacionados con los derechos humanos reconocidos en la Constitución y en los tratados internacionales, por ejemplo, la materia optativa de derecho de los pueblos indígenas se convirtió en obligatoria para los estudiantes de octavo semestre.
Pero, sin lugar a dudas, las acciones que más impactaron fueron las relacionadas con impulsar la presencia de las mujeres: a) en los cargos de primer nivel: la secretaría académica, la administrativa, la jefatura de Posgrado y, recientemente, en la secretaría general; b) en el Comité Técnico (50%); y c) en las aulas, en donde las maestras representan casi 40%, contra 20% de hace algunos años. Era inexplicable que, en una facultad conformada por 55% (a veces 60%) estudiantes mujeres, 80% estuviera integrado por una plantilla de sólo maestros.
No se puede dejar de reconocer la lucha de las mujeres en los cambios en la materia de igualdad de género, pero impulsar acciones como las mencionadas, requiere de voluntad política. Es de conocimiento público que, ante las denuncias de violencia en razón de género, la rectoría y la facultad han actuado bajo el principio de “cero tolerancia” a los victimarios.
No hay espacio para enumerar las acciones realizadas en estos años por el rector y por el director de la facultad, pero el éxito está a la vista, la UNAM está reconocida entre las 100 mejores universidades del mundo y la Facultad de Derecho logró posicionarse en el número 29 (QS World University Ranking, 2022).
Con estos datos, resultaría obvio deducir quién tiene mayores posibilidades de ser elegido como rector, sin embargo, en la decisión de la Junta de Gobierno juegan otros factores que no podemos ponderar en este momento, lo cierto es que la UNAM requiere la dirección de alguien que ya demostró de lo que es capaz de hacer, tanto para enfrentar la función cotidiana de una institución educativa, como en momentos de crisis, como la pandemia de covid-19. Alguien con capacidad de interlocución, sin sectarismos, pero con mano firme para anteponer los intereses de la comunidad universitaria.
