El dicho taurino “no hay quinto malo” no aplica para evaluar los cinco años que Andrés Manuel López Obrador ha ejercido como Presidente de la República. Tal vez por eso amanecimos con la noticia de que se incrementaría el salario mínimo ¿Fue casualidad que el anuncio se hiciera ayer? Es poco probable, toda vez que el tema central del debate público, ya no fue la evaluación del ejercicio de gobierno, sino el incremento salarial.
Pero la realidad se impone, no hay decretazo (aunque sea presidencial) que oculte los rasgos que caracterizan estos cinco años de gobierno: más de tres millones de muertos por el fracaso de la estrategia de salud ante la pandemia y sus efectos colaterales; incremento del endeudamiento, militarización del quehacer público, crecimiento y feminización de la violencia homicida, permanente confrontación política, obras faraónicas inútiles y el abandono de los guerrerenses afectados por Otis.
Una realidad muy diferente a la que prometió durante las diferentes campañas en las que participó como candidato presidencial en el 2006 y 2012 (PRD), y 2018 (Morena). Ya sea por una auténtica creencia o por una maquiavélica manipulación, en ese entonces, sus discursos se caracterizaron por prometer más allá de lo podía lograr, en caso de ganar la elección.
Aprovechando la desconfianza ciudadana que surge de manera justa o injusta en las democracias representativas (Giovanni Sartori, 2005), se comprometió a acabar con la inseguridad y la corrupción, a no endeudar al país, a finalizar la intervención de las Fuerzas Armadas en las labores de seguridad pública. Nada de esto fue cierto, por el contrario, el sexenio cerrará con un crecimiento exponencial de la deuda: 22.1% desde diciembre de 2018 a la fecha (IMCO), además, 1.9 billones de pesos (equivalente al 5.4% del PIB) fueron aprobados por la mayoría morenista en el Congreso para 2024; también, durante estos cinco años, las Fuerzas Armadas no sólo se siguen haciendo cargo de la Seguridad Pública, sino que el Presidente les ha asignado más funciones para hacerse cargo de las aduanas, de los puertos, del flujo migratorio, de la construcción del AIFA y del Tren Maya, del combate de robo de combustibles, etcétera.
En lo que respecta a las promesas de disminuir la inseguridad y la violencia homicida, el Presidente tampoco pudo cumplir. Si bien es cierto, en este año ha presentado datos de ligeras disminuciones de denuncias de homicidios dolosos, los mismos datos oficiales demuestran que las desapariciones forzadas se incrementaron: más de 110 mil desaparecidos a partir de diciembre del 2018. Incluso, la no aceptación de sus propios datos, motivó la reciente renuncia de la comisionada de búsqueda de personas desaparecidas. Por otra parte, en este periodo de su gobierno, se incrementó la feminización de la violencia homicida: hay menos homicidios en general, pero creció el porcentaje de mujeres; los feminicidios prevalecen, y las desapariciones de niñas y mujeres son mayores que la de los hombres en algunos estados (fenómeno que no se veía en los pasados sexenios). Otro gravísimo problema es el de la violencia letal contra las y los periodistas suman 44 víctimas en su gobierno, y prevalece la impunidad para investigar quienes son los actores intelectuales, por ejemplo, en el caso del atentado contra Ciro Gómez Leyva.
Sobre la lucha contra la corrupción, tampoco entrega buenas cuentas, tan sólo para mencionar el caso más escandaloso de su sexenio: Segalmex; además del crecimiento, sin precedente, de la opacidad en el manejo de los recursos públicos, por ejemplo, la asignación directa de obras faraónicas, ¿acaso esto no es corrupción?
Aún no se pueden dimensionar las consecuencias negativas del gobierno lopezobradorista, pero queda claro que algunas decisiones las pagaremos los ciudadanos durante muchos años más allá del sexenio, por ejemplo, el costo de un aeropuerto inviable de usar, los números rojos de Pemex, la construcción de refinerías obsoletas y la de un Tren Maya de utilidad incierta, pero, sobre todo, el crecimiento de la deuda pública en el preámbulo de la elección presidencial, entonces ¿habrá elección de Estado?
