¡Que arda la ciudad!
Hoy, después de concluido el sexenio anterior y haber avanzado más de seis meses con la nueva administración, hay datos que revelan que un estado de la República ya ha rebasado los feminicidios del cierre 2018: Veracruz
¡Que arda la ciudad si eso significa ni una muerta más! Así leí en algunas cuentas de redes sociales de las jóvenes mujeres que indignadas enfrentaban las respuestas airadas de diversos actores que, sin ningún pudor, juzgaron como violenta la marcha del pasado fin de semana.
Lo hicieron los medios de comunicación de radio y televisión (algunos), que todos los días nos informan de hechos violentos en donde participan hombres contra otros hombres. Hombres quemando oficinas de gobierno, como en Guerrero; hombres sometiendo a militares, como en Michoacán; hombres disparando a quemarropa a otros hombres, como en Jalisco o Tamaulipas. Pero también, todos los días y a todas horas, esos mismos medios de comunicación, son los que dan cuenta de los cuerpos de niñas y mujeres encontrados enterrados o a la vista. Peor aún, son los mismos medios que dan seguimiento a las cifras de feminicidios o desaparecidas que se van sumando de forma rápida y exponencial mes con mes en cada estado.
Los medios de comunicación no fueron los únicos que se indignaron con los vidrios rotos y las expresiones plasmadas en el monumento del Ángel de la Independencia, también algunas mujeres que se autocalifican como feministas pintaron su raya de forma inmediata: “Que se sepa bien, nosotras no somos violentas, nosotras protestamos en orden”, repetían. Y es que no es para menos, muy en el fondo no podemos dejar de ser un poco o un mucho, lo que la sociedad quiere de nosotros, sin embargo, tenemos que acostumbrarnos a las formas de expresar su sentir de las nuevas generaciones, ésas que no tienen consultorías y sí tienen muchos agravios.
Los hechos y las cifras oficiales no mienten y las mujeres tienen miles de motivos para seguir indignándose: En 2015 hubo 56 mil 422 denuncias de lesiones dolosas contra mujeres; 2016: 51 mil 336; 2017: 61 mil 040; 2018: 60 mil 550 y, 2019: mil 364. De la misma forma crecieron los homicidios y feminicidios: 2015: mil 737 homicidios y 422 feminicidios; 2016: 2 mil 123 homicidios y 634 feminicidios; 2017: 2 mil 531 homicidios y 740 feminicidios; 2018: 2 mil 742 homicidios y 872 feminicidios y 2019, a mitad del año, ya han ocurrido mil 364 homicidios y 448 feminicidios. En este mismo espacio, en diversas ocasiones, habíamos mencionado a qué estados de la República se les había declarado la Alerta de Violencia de Género (Estado de México, Morelos, Michoacán, Chiapas, Nuevo León, Veracruz , Sinaloa, Colima, San Luis Potosí, Guerrero, Quintana Roo y Nayarit) y, de estos cuáles habían logrado disminuir el número de feminicidios al cierre de 2018: Chiapas, Michoacán, Morelos y Sinaloa; sin embargo, en esas fechas no quedaba claro cuáles estados habían empeorado. Hoy, después de concluido el sexenio anterior y haber avanzado más de seis meses con la nueva administración, hay datos que revelan que un estado de la República ya ha rebasado los feminicidios del cierre 2018: Veracruz.
Causa mucha alarma considerar que ese estado ya tenía una doble declaratoria de Alerta: de Género. La segunda, por agravio comparado, fue declarada el 13 de diciembre de 2017. La medida fue tomada por considerarse que había restricciones a los derechos humanos de las mujeres en el Código Penal del estado (por lo que se solicitó modificar los artículos 149, 150 y 154) y la falta de implementación de la NOM 046.
Así, de esta forma, vivimos en un país de ciudadanos que están acostumbrados a la violencia cotidiana, a las declaratorias de violencia de género sin que cambie nada o, incluso, que se empeoren las cosas para el sector femenino. Nos hemos transformado en una sociedad que ya no se sorprende ante el horror de la violencia homicida que igual cobra la vida de una niña en Neza, una excandidata de Guerrero (del partido que sea), una presidenta municipal de Oaxaca, mujeres trabajadoras de un penal de Morelos, una tortillera en Guanajuato o una extranjera en su departamento, cuya madre tuvo que recurrir a la ayuda solidaria del noticiario de Ciro y a una aerolínea para poder trasladarse y rescatar el cuerpo de su hija asesinada.
Por ello, ante la indolencia, no debería sorprendernos que la única manera de sacudirnos y llamarnos la atención haya sido que las mujeres se manifiesten de forma “violenta” y, al contrario, quizás hasta debería alegrarnos que aún sigamos escuchando sus reclamos porque siguen vivas y salen a la calle a exigirnos que así quieren seguir.
