Bajo el lema Instituciones y Reforma Social y con la pretensión de ser el representante de la nación y legítimo heredero de la Revolución, a finales de 1928 empezó a crearse el Partido Nacional Revolucionario (PNR). Plutarco Elías Calles, sus amigos y un gran número de políticos profesionales, pensaron que un nuevo partido podría ser la solución a las confrontaciones que aún seguían vivas después de concluida la Revolución Mexicana. De esta forma, el PNR fue el primer partido antecedente del PRI que este 2024 cumplió 95 años, y después de los resultados electorales del 2 de junio, enfrenta la peor crisis política interna que haya vivido desde 1987, cuando Cuauhtémoc Cárdenas, Ifigenia Martínez y Porfirio Muñoz Ledo renunciaron a pertenecer a sus filas.
¿Podrá el PRI remontar esta coyuntura? No lo sabemos, lo cierto es que, a pesar de los deseos de Plutarco Elías Calles, cuando creó el PNR tampoco logró ser el partido de unidad que él soñaba, eso sucedió años después, bajo la tutela del presidente Lázaro Cárdenas y su estrategia de corporativización de varios sectores sociales. Fue así que el PNR se convirtió en el poderoso Partido de la Revolución Mexicana (PRM) y, posteriormente, en el Partido Revolucionario Institucional (PRI). Fue entonces que el partido se convirtió en una poderosa herramienta que originó que el sistema presidencial se transformara en un sistema presidencialista, con presidentes de la República que pudieron ejercer el poder político más amplio que el facultado por la Constitución, es decir, el poder que Jorge Carpizo denominó como metaconstitucional. Y fue, precisamente, el hecho de que Lázaro Cárdenas haya cambiado al PNR en un instrumento electoral casi invencible, lo que generó que, en 1988, su hijo, el ingeniero Cárdenas, logrará convertirse en un actor fundamental para debilitar esa estructura partidaria que era la única puerta para poder tener acceso a las representaciones políticas durante siete décadas.
Tan atípico resultó su poder hegemónico, que el PRI se volviera un fenómeno sociológico de estudio para explicar el desarrollo del sistema político mexicano. Así lo hizo en 1980 Luis Javier Garrido, quien bajo la dirección del distinguido estudioso de sistemas de partidos, Maurice Duverger, presentó su trabajo de investigación doctoral en la Universidad de París I (Pantheón-Sorbonne), que contenía un estudio detallado de la evolución del PRI, que el autor calificaba como “un fenómeno único muy importante, pero poco conocido”. Posteriormente, en la nota preliminar y la introducción de su libro El partido de la revolución institucionalizada, la formación del nuevo Estado en México (1928-1945), Garrido señaló que la excepcionalidad del PRI no se derivaba sólo de la hazaña de que, desde 50 años atrás, los principales cargos de elección popular (presidentes de la República, gobernadores, senadores, diputados federales y locales y funcionarios municipales) fueran ocupados por sus miembros mediante elecciones con “aparente normalidad”, sino del hecho de ser “una enorme organización de masas, casi sin paralelo por su dimensión.” Para el autor sólo existía otro caso parecido en el siglo XX: el Partido Comunista de la Unión Soviética.
Sin embargo, apenas pasaron 17 años más, y el PRI perdió esa excepcionalidad, primero, en la Cámara de Diputados (1997) y, posteriormente, en la Presidencia de la República y el Congreso de la Unión (2000). Paradójicamente, al mismo tiempo que se consolidó la democracia mexicana mediante reformas políticas que generaban instituciones garantes de la libertad política de los ciudadanos (como el IFE y el Tribunal electoral), el PRI perdía su fuerza. El triunfo de Cuauhtémoc Cárdenas en la Ciudad de México (1997) fue sólo el preámbulo del inició de la debacle territorial. A partir de entonces, el PRI no logró recuperarse como partido dominante, a pesar de que en 2012 volvió a ganar las elecciones presidenciales. Fue perdiendo de forma constante su fuerza territorial hasta llegar a su nivel más bajo de derrota: el pasado 2 de junio cuando no ganó ninguna diputación federal de mayoría relativa.
No obstante, el PRI aún no está muerto, mantiene una fuerza muy disminuida, pero suficiente para generar una lucha sin tregua al interior de sus filas ¿Logrará mantenerse con vida para festejar sus 100 años?
