Pragmatismo político ilegal

¿Quién financia la propaganda?

Renunció Claudia Sheinbaum y dejó el gran pendiente: ¿quién fue el autor intelectual del atentado contra Ciro?

El calendario electoral  establece que el proceso de la sucesión presidencial de 2024 iniciará a finales de año con las precampañas partidarias, pero el presidente López Obrador, adelantó la lucha por la presidencia desde que designó a Claudia Sheinbaum, Marcelo Ebrard y Adán Augusto López como las corcholatas.

El fin de semana pasado, Morena sólo formalizó la voluntad presidencial. Para aparentar un proceso democrático, en su reunión plenaria ese partido aprobó reconocer a seis contendientes en lugar de a tres, que éstos renuncien inmediatamente a sus cargos, que la competencia no es por la candidatura a la Presidencia, sino por la coordinación de la transformación nacional, que cada uno haga campaña por toda la República, pero sin debatir entre ellos y sin dar entrevistas a los medios de comunicación vetados por el partido y, que el método para decidir quién ganará, será mediante encuestas.

Para lograr que los contendientes sigan unidos, aún después de los resultados, el presidente López Obrador ya les garantizó que cada uno de los seis tendrá algún cargo en el Poder Legislativo o Ejecutivo:  el liderazgo de la Cámara de Diputados o de Senadores, o alguna secretaría del gabinete, o quizás (especulamos) la candidatura de una apetitosa entidad (por ejemplo, la Ciudad de México). Pero estos compromisos del mandatario, no son fortuitos, los hizo para tratar de conjurar la posible traición de alguno de estos jugadores, es decir, que si pierden la “Coordinación” no se vayan a encabezar una candidatura de oposición y dividan los votos como les sucedió en Coahuila. Nada de principios, sí de pragmatismo.

Con estos acuerdos, el Presidente y su partido transgreden el marco formal electoral porque están haciendo actos anticipados de campaña y generan desigualdad en la lucha por el poder político, por ejemplo, ya vemos la Ciudad de México y otros estados de la República, saturados de propaganda en favor de una u otra corcholata; además, no hay transparencia en el uso de recursos ¿Quién financia la propaganda? Lamentablemente, al parecer, esas acciones ilegales no fueron el tema central de la reunión del Presidente con los consejeros del INE. Dicen que el tema fue el presupuesto, pero ése no lo aprueba el titular del Poder Ejecutivo, sino los diputados ¿Qué necesidad tenían los consejeros de ir a tomarse la foto a Palacio Nacional con un Presidente que todos los días ataca al INE, al Tribunal Electoral y al Poder Judicial?

Por otra parte, la oposición aliancista del PAN-PRI-PRD se encuentra entre la espada y la pared. Ni siquiera han podido anunciar cuál será el método con el que seleccionarán a su candidato o candidata, por dos razones: primero, no son los tiempos legales y segundo, porque, simplemente, hasta hoy, ningún actor partidario goza de la legitimidad interna para encabezar esa candidatura de forma natural. Tampoco los convence el método que el Frente Cívico Nacional les ha propuesto: elecciones primarias. Quizás porque los líderes de esos tres partidos no quieren arriesgarse a perder la posibilidad de encabezar la candidatura presidencial frente a algún liderazgo “emergente”. Es decir, aquellos actores (que militan o no), que se han ganado la simpatía ciudadana por ser “disruptivos”, pero que no cuentan con el beneplácito de quienes “han picado piedra” en los partidos, porque no hay garantía de que éstos sean leales a los intereses de la alianza partidaria. Es decir, que ya con la candidatura, se vayan por la libre.

Pero, ante el “culto a la personalidad” (motivado en gran parte por nuestro presidencialismo), y frente a un Presidente tan agresivo, todo parece indicar que la candidatura de oposición más competitiva sería la del actor que logre mayor popularidad ciudadana en la precampaña, no importa si eso lo hace a partir de un discurso demagógico, o de no respetar la ley, o de usar un lenguaje violento contra sus adversarios políticos, o de hacer circo, maroma y teatro para llamar la atención. Eso no fortalece la democracia, pero genera mejores resultados electorales, si no, observemos la estrategia de algunas corcholatas.

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