Otis: oscuridad y tragedia en Guerrero
Muchos hogares de Guerrero no tienen internet.
Terror y oscuridad fue lo que enfrentaron los turistas que se encontraban hospedados en los diversos hoteles de la costera de Acapulco la madrugada del miércoles frente a la furia del huracán Otis, que, con una categoría 5, tomó sin prevenciones a las personas que estaban en el Puerto y sus alrededores.
La explicación de por qué sucedió así se empezó a revelar mediante los testimonios de algunas personas que se encontraban hospedadas en los hoteles de la costera cuando impactó el huracán, tal es el caso de la periodista Fernanda Familiar que fue entrevistada en el noticiario de Joaquín López-Dóriga ayer. Ella llegó momentos antes de que todo fuera oscuridad. Iba a impartir una conferencia a las esposas de los líderes del sector minero que se encontraban reunidos en uno de los hoteles más afectados. En el lugar, momentos antes de la tragedia, pudo convivir con algunos funcionarios estatales que se encontraban presentes y que nada sabían de la peligrosidad del huracán y de los refugios que se habrían habilitado para protegerse.
Me conmovió su relato, pero mientras la escuchaba, no pude evitar imaginarme el terror que enfrentaron en sus hogares las familias de los alrededores de la zona turística. Poco sabemos de ellos todavía, porque algunas zonas son de difícil acceso y porque, aunque el gobierno informó que ya había conexión, no se nos olvide que un alto porcentaje de los hogares de Guerrero no tienen internet.
A los relatos y experiencias compartidas en las redes sociales de varios afectados en el momento de mayor peligro, se suma la entrevista hecha el jueves muy temprano, en el noticiario de Enfoque Radio, por Martín Carmona al capitán 1° Eric Estévez Dorantes, meteorólogo del Centro Nacional de Análisis, Pronóstico y Difusión de la Fuerza Aérea Mexicana. Palabras más, palabras menos, a pregunta expresa sobre si se habían percatado de la intensidad del huracán, él contestó que sí, y que habían informado a las autoridades correspondientes, incluso, sus palabras se pueden constatar con los informes que emitió la institución en su página electrónica antes de las 7 de la noche del día martes y que fue retomada con preocupación por diferentes noticiarios de la noche.
Con esa información ¿Qué hicieron el presidente López Obrador, la gobernadora Evelyn Salgado y la alcaldesa de Acapulco, Abelina López? No lo sabemos y no es tiempo de enfocarnos en buscar respuestas a esa incógnita, porque en este preciso momento, lo que más urge es solidarizarnos con las personas que, una vez más, lo han perdido todo, aunque con la gran diferencia de que, antes de la desaparición de los fideicomisos (octubre de 2020), existía el Fonden con recursos suficientes para actuar rápidamente en favor de los afectados de algún huracán, y hoy no será así, se tendrán que buscar los recursos para hacer frente a la emergencia.
Sin embargo, para los guerrerenses la tragedia no termina con la devastación de la infraestructura turística, el Estado tiene 3 millones 540 mil 685 habitantes, de éstos, 779 mil 566 viven en Acapulco y 283, mil 354 en Chilpancingo (Inegi, 2020), es decir, una tercera parte de los guerrerenses fueron afectados directamente en su patrimonio por vivir y trabajar ahí, pero también lo serán un número indefinido de personas que viven en los municipios de alrededor, porque el Puerto es el único lugar de trabajo para la gran mayoría.
Por si fuera poco, a la oscuridad del huracán y sus consecuencias, se suma la oscuridad de la violencia cotidiana que enfrentan los ciudadanos en diversos municipios y que, como preludio de lo que venía, hizo crisis en días previos al fenómeno meteorológico con la comisión de una ola de asesinatos por parte de presuntos grupos criminales contra líderes sociales, policías, funcionarios públicos estatales y municipales, y ciudadanos en general. Entre las víctimas de octubre se encuentran: Bruno Plácido Valerio, Rigoberto Acosta González, Isidro Martínez López, Honorio Salinas Garay, Ismael Cástulo Guzmán y 13 policías más.
Bajo este panorama, todo parece indicar que la calidad de vida de los guerrerenses no mejorará en mediano plazo ¿Qué vendrá entonces?
